martes, 17 de septiembre de 2013

Docencia...

Hoy es mi primer día festejando la docencia como profesora de literatura. Hago un breve recuento hacia atrás, a los primeros días frente al curso, y me doy cuenta de que aprendí bastante en este tiempo tan corto: a interpretar las caras de mis alumnos, a manejar los tiempos del aula, a quedarme con lo bueno de cada clase, a entender que tengo frente a mí a cincuenta adolescentes que están sentados ahí sin saber muy bien para qué (y la mayor parte de ellos sabiendo muy bien que no quieren estar ahí sentados). Y aprendí a disfrutar, de todo y a pesar de mucho.

Un poco como me pasó con la maternidad.

También en mi rol de mamá aprendí mucho en estos casi ocho meses: aprendí a interpretar los llantos y quejidos, sonidos y gestos, a aprovechar las siestas de Cata para hacer mis propias siestas, a divertirme con las cosas que la divierten a ella, a jugar en el piso, a hacer upa, a dar la teta, a cantarle canciones para dormirla cuando el sueño se niega a venir, a hacer lo que siento, a probar cuando no sé qué hacer, a equivocarme y desandar lo hecho, a volver a probar, a sincerarme conmigo y con ella cuando la paciencia se me acaba... A disfrutar, de todo y a pesar de mucho.

Cierro con este poema de la Madre Teresa de Calcuta que una profe del colegio nos dedicó a todas sus colegas, pero que yo lo sentí más allá de la tarea docente. Sentí que reverberaba más adentro, más en el fondo, más en la sombra. Sentí que latía en mi útero generador de vida. Sentí que le daba palabras a esa angustia rara que desde hace unos días me revolotea la garganta con cada nuevo logro de Catalina que le abre el mundo delante de sus ojos. Porque cada nueva experiencia, cada nuevo día, es una muestra más de que no somos una. Y esa libertad que quiero regalarle, esa autonomía que quiero que disfrute (y que veo que disfruta), esa libertad va más allá de su motricidad.
Es la libertad de decidir por sí misma sobre su cuerpo y sobre su vida. Aun cuando esas decisiones no sean las que yo hubiera tomado en su lugar.

Enseñarás a volar...pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar...pero no soñarán tus sueños.

Enseñarás a vivir...pero no vivirán tu vida.

Enseñarás a cantar...pero no cantarán tu canción.

Enseñarás a pensar...pero no pensarán como tú.

Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, sueñen, vivan, canten y piensen, estará en ellos la semilla del camino enseñado y aprendido.

Otros fragmentos que me rondaron