miércoles, 19 de junio de 2013

La primera caída

Siempre hay una primera vez para todo, y esta vez tocó una no tan linda: Cata se cayó de la cama. Un segundo que giré para agarrar una galletita de la mesa de luz, y cuando volví a girar llegué a ver la colita de Cata que desparecía en el vacío. Un instante más tarde, el llanto. ¡Chiquita! Corrí a alzarla, le hice mimos, le expliqué que se había caído y se había golpeado. Cuando se calmó un poco, también le di teta hasta que se quedó dormida.
Y ahí me vino el conocimiento-chatarra que alguna vez leí o escuché: “¡si se golpeó la cabeza no tengo que dejarla dormir!” No sé si será verdad o no, pero yo la desperté igual. Lo cual fue peor, porque empezó a llorar otra vez. Mientras la calmaba, aproveché para sacarle la ropa y mirar si se había golpeado, porque en la cabeza no tenía nada; y le encontré un moretón en la rodilla, con lo cual me alivié un poco porque al menos ahora sabía con qué había aterrizado.
El golpe, el susto, el dolor, el llanto, todo eso junto al parecer la había agotado, porque una vez que la vestí se durmió enseguida.
Y en cuanto se durmió, apareció mi vieja amiga: ¡la culpa! Que por qué dejé de mirarla, que cómo me voy a dar vuelta por una galletita, que cómo pude dejar que se me cayera!
El papá de Cata, con su habitual tranquilidad, me sacó de tanto dramatismo: “¡estas cosas pasan, no es tu culpa!” (Qué cosa la culpa, ¿no?)
Me tranquilizó darme cuenta de que tuve la calma suficiente para atravesar la situación y poder consolar a mi bebé. Por suerte, no fue un golpe grave, y estoy segura de que las dos aprendimos de la experiencia.

(Nota para la próxima: ¡a jugar lejos de los bordes!)

lunes, 3 de junio de 2013

Puérpera... ¡Y a mucha honra!

Primero, un poco de teoría:
La afirmación de que el puerperio comprende los primeros 40 días posteriores al parto (la famosa “cuarentena”) está por lo menos puesta en duda (cuando no descartada por completo) desde hace algunos años. Para Laura Gutman, el puerperio se extiende desde el parto hasta los dos años, cuando el niño comienza a comprender que es un “yo” separado de “mamá”, al tiempo que la madre también empieza a reencontrar su “yo”, separado de su ser madre. Algunas puericultoras y doblas (al menos las que yo conozco) sostienen que el puerperio finaliza cuando la madre puede pensarse independientemente de su bebé, y este momento es personal de cada díada.

Hechas las aclaraciones del caso (esta costumbre de “justificar teóricamente” que me metió la facultad…), hoy quiero decir que estoy transitando mi puerperio con tanta pasión que odio cuando alguien quiere arrebatármelo. Me pasó que me dijeron (palabras más, palabras menos): “bueno, cortala con la excusa del puerperio porque se terminó a los 40 días”. Me dejaron pensando…
Y llegué a la conclusión de que afirmar eso es obligar a la madre a desarmar la díada mamá-bebé y a volver a ser una mujer independiente, trabajadora (o estudiante, o ambas), productiva. ¿Qué pasa, entonces, con las madres que no queremos “volver”, que preferimos seguir inmersas en este vínculo de cuerpos y amor y upa y teta y leche que es el maternaje? Yo no me “excuso” en el puerperio, lo transito orgullosa y feliz, con todo el revuelo hormonal y las inseguridades, haciendo lo que puedo, puteando y disfrutando, llorando y riendo (a veces las dos cosas juntas).

El tiempo dirá si me encontré o no con mi propia sombra. Por ahora, soy puérpera, ¡y a mucha honra!

Otros fragmentos que me rondaron