viernes, 25 de septiembre de 2015

Hombre águila

Llegará el día en que un águila descenderá de los cielos en el transcurso de una tormenta. Allí, en medio del desierto, una figura solitaria se erguirá, alzará sus ojos y el águila vendrá a posarse en su hombro. Cacique de una tribu masacrada, el hombre estará esperando esa señal de los cielos. Y la recibirá. Y se unirá a ella. Y esa unión lo transformará: el águila le clavará el pico en su pecho, y de pronto serán uno solo.
El hombre águila remontará vuelo. Atravesará el desierto y llegará al océano. Volará en cículos, se acercará a la orilla, volverá a elevarse.
Y al fin, de entre las olas surgirá una mano. Dedos finos, piel oscura. Hacia allí volará el hombre águila y la tomará con todas sus fuerzas. Pero sus brazos ya no serán brazos sino alas, y sus pies serán garras, y esa mano se escurrirá en un inútil intento de ser salvada. Y el hombre águila, desesperado, verá esa mano amada hundirse, dejando tras de sí un efímero rastro de espuma.

Otros fragmentos que me rondaron