Si pausaran mi tiempo... Terminaría de leer
El nombre de la rosa. Me pintaría las uñas. Leería todos esos artículos de didáctica de la lengua que tengo descargados en la compu. Y tomaría apuntes. Miraría
The Handmade's Tale. Dormiría siesta pero no mucho porque me levanto de mal humor. Miraría dormir a mis hijes; tienen esa expresión tranquila que me da placer y miedo a la vez, y un poco de culpa porque es cuando sé que no les muestro todo lo que les amo. Leería más sobre lenguaje inclusivo. Me permitiría debatir conmigo y anotar mis conclusiones; tres cuadernos tengo y poco escribo; no es culpa del tiempo eso sino de la obsesiva necesidad de orden y lógica. Miraría
Evangelion en maratón; las últimas películas una atrás de la otra, y después un buen rato de escribir sobre ellas. Tal vez también miraría la serie original y las películas de esa serie. Entre cada una de esas cosas, haría yoga; una secuencia activa, una secuencia de flexibilidad. Un cuerpo flexible es una mente flexible. Y me pondría al día con mi lista de pendientes en todos los servicios de streaming.
Pero no existe la pausa en el tiempo. Somos tiempo, somos energía que fluye. Hago todo de a poquito cuando encuentro los momentos. Entre tiempos, soy todo lo otro que no escribí acá. Soy madre, soy docente, soy pareja, soy lectora, soy compañera. Soy avidez, soy crecimiento, soy formación, soy cansancio, soy agotamiento, soy reinicio, soy apoyo, soy grito de ayuda, soy búsqueda, soy aprendizaje. Soy "mamá", soy "amor", soy "profe", soy "mami", soy "upa". Soy yo. Soy muchas.
Vuelvo a pausar mi tiempo; play a Evangelion 1,11: (No) Estás solo. Mírenla; después me cuentan.