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lunes, 23 de agosto de 2021

Si pausaran tu tiempo, ¿qué harías?

Si pausaran mi tiempo... Terminaría de leer El nombre de la rosa. Me pintaría las uñas. Leería todos esos artículos de didáctica de la lengua que tengo descargados en la compu. Y tomaría apuntes. Miraría The Handmade's Tale. Dormiría siesta pero no mucho porque me levanto de mal humor. Miraría dormir a mis hijes; tienen esa expresión tranquila que me da placer y miedo a la vez, y un poco de culpa porque es cuando sé que no les muestro todo lo que les amo. Leería más sobre lenguaje inclusivo. Me permitiría debatir conmigo y anotar mis conclusiones; tres cuadernos tengo y poco escribo; no es culpa del tiempo eso sino de la obsesiva necesidad de orden y lógica. Miraría Evangelion en maratón; las últimas películas una atrás de la otra, y después un buen rato de escribir sobre ellas. Tal vez también miraría la serie original y las películas de esa serie. Entre cada una de esas cosas, haría yoga; una secuencia activa, una secuencia de flexibilidad. Un cuerpo flexible es una mente flexible. Y me pondría al día con mi lista de pendientes en todos los servicios de streaming.
Pero no existe la pausa en el tiempo. Somos tiempo, somos energía que fluye. Hago todo de a poquito cuando encuentro los momentos. Entre tiempos, soy todo lo otro que no escribí acá. Soy madre, soy docente, soy pareja, soy lectora, soy compañera. Soy avidez, soy crecimiento, soy formación, soy cansancio, soy agotamiento, soy reinicio,  soy apoyo, soy grito de ayuda, soy búsqueda, soy aprendizaje. Soy "mamá", soy "amor", soy "profe", soy "mami", soy "upa". Soy yo. Soy muchas.

Vuelvo a pausar mi tiempo; play a Evangelion 1,11: (No) Estás solo. Mírenla; después me cuentan.

miércoles, 31 de julio de 2019

Bebé con aroma a Isabella Zoe

Parir es la experiencia más fabulosa que atravesé en la vida. Fabulosa: no sé por qué elegí esta palabra, si justamente creo que, como experiencia, si no incontable, es al menos difícil de poner en palabras.
Parir. El dolor es desgarrador, parece intolerable. Y cuando creo que ya no soporto más, que me voy a partir en dos (en más de un sentido parir es partirse), el mundo se ensancha y la liberación sale a borbotones de mí. Y la naturaleza es sabia porque el cuerpo se olvida más rápido del dolor que de esa sensación de otro cuerpo saliendo de una. Lo pienso ahora que miro a esta pequeña de cinco meses y días y me viene el recuerdo de cuando la agarré resbalosa, achinada, suave pero pegajosa, de ojos cerrados y sonidos guturales, la nariz aplastada, y la olí y la besé y le dije que era la última, que ya no iba a parir nunca más. Ahora la miro y pienso que ese momento de bebé resbaloso y achinado dura poco, y solo ahora con esta tercera hija puedo decir que lo disfruté casi todo lo que el momento merece (porque no dejo de ser una "máquina hiperpensante", y aun recién parida ya estaba preocupándome por qué vendría después).
Pero a ese momento de bebé resbaloso y achinado le siguen muchos otros, que la triple experiencia me está enseñando a aprovechar.

jueves, 31 de enero de 2019

Carta para el nacimiento de Isabella Zoe

Transitando la semana 37 me siento a escribirte esto, para poner en orden algunas cosas que me están rondando en la cabeza y en el cuerpo.
Los últimos meses me encontré con miedos a los que tengo que enfrentarme y de los que quiero deshacerme (o, tal vez, con quienes deba amigarme) antes de que cruces a este lado del mundo. Me encontré pensando mucho en lo que "no quiero"; y para transformar el mensaje y su energía, voy a centrarme en lo que sí quiero (y por qué no, en lo que querés vos...)

Cuando llegue el momento en que decidas nacer, quiero ser consciente del proceso, sentirlo y entenderlo para poder recordarlo. Quiero que el dolor me atraviese como una más de todas las cosas que voy a sentir, y que importe menos ese dolor que sentirte a vos cómo te vas abriendo paso, cómo me convierto en canal y en puente.
Y sí, quiero que sea rápido, y quiero también disfrutarlo.

¿Y vos, Isa? ¿Qué querés vos para tu nacimiento?

"Quiero que me reciban con amor y alegría, que estés feliz de verme y de tenerme. Que sintamos que el esfuerzo valió la pena."

martes, 13 de noviembre de 2018

Giratiempo

El tiempo es implacable, dice la frase hecha. Y lo descubrí hoy mientras miraba la cara afiebrada de mi hija que dormía. Y me encontré pensando cómo había pasado el tiempo tan rápido. Como buena ansiosa que soy, me paso la vida planificando y esperando que llegue "ese momento" (que cuando llega me pasa por al lado mientras yo espero ese otro momento nuevo). Desde que nació Cata no paré de esperar que llegara ese nuevo próximo paso en su crecimiento, "que se pase este que estoy viviendo ahora que me agota y que ya no sé cómo afrontar". Su primera infancia, que fue mi primera infancia de madre, fue una sucesión de ansiedades, miedos y nosaberes. Me fui haciendo consciente con el nacimiento de Milo.
Pero verla hoy, así dormida y afriebrada, me hizo como nunca pensar en que es verdad que el tiempo avanza implacable llevándose lo que ya nunca será. No suelo ser nostálgica pero algo así me agarró hoy. Me descubrí deseando eternizar esta edad suya, que ya entiendo; esta Cata de casi seis a la que sé acompañar en su transitar cotidiano.
Pero también es de ansiosa esta sensación de hoy, en la que supengo que toda esta nueva etapa que viene ahora va a ser más difícil.
Y resulta que ahora, mientras escribo esto, veo que mi hija (mi Gran Maestra) me trae el aprendizaje de vivir a conciencia el día a día de la vida. Carpe diem, escribió el poeta Horacio; porque el tiempo pasa, y sí, nos vamos poniendo viejos.

sábado, 7 de octubre de 2017

Mañanas de sol

En cada despertar hay un nuevo comienzo.
Si ayer hicimos todo mal, hoy podemos hacer todo bien.
Frases hechas. Vacías ya de tanta carga semántica que podrían haber tenido. Una sobrecarga semántica, digamos.

Lo que importa es:
- amanecí temprano e igualmente estoy feliz
- salió el sol, regué las plantas, transplanté algunas, cambié de lugar macetas, olí la lavanda
- el chinito juega como si fuera grande e independiente
- la china se despertó más tarde y de muy buen humor
- en la radio están pasando muy buena música y eso es siempre una alegría
- estás trabajando y yo te extraño como si hiciera un montón que no te veo
- pero no te extraño para que cuides a lxs peques sino para besarte y abrazarte
- y aquí china y chinito ya juegan y se entienden y se aman

Acordarme de todo esto cuando el humor arrecie y el enojo haga tormenta, para recordarme que ser madre también es ser feliz.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Opus sanguinis

Nos amábamos. Hasta que tuvimos una hija.
Y entonces descubrimos que son más nuestras diferencias. Nuestras infancias tan distintas son las lentes con que miramos a nuestrxs hijxs; y la distancia se hace notoria. Son irreconciliables porque no dejamos que haya conciliación. Todo es conflicto.
El beso que me diste antes de acostarte se me quedó anudado en la garganta.
Y a esto que nos mantiene unidos no sé qué nombre ponerle. ¿Costumbre? ¿Miedo a estar sola? ¿Necesidad de armar familia? ¿Amor?
Tampoco sé si esto que escribo es un deseo real o es la fatalidad de una escritora que espera agazapada a que se acerque una oportunidad para saltarle encima, clavarle el colmillo en la yugular y dejarla morir lentamente mientras va escribiendo con su sangre el inicio de la nueva obra. Opus sanguinis.
Nada parece tener que ver con nada, pero todo tiene que ver con todo.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Desear o no desear

Los pensamientos circulares y la angustia que me sobrevolaban la cabeza antes y durante buena parte de mi segundo embarazo siguen ahí. Ensombrecen la felicidad de ser madre por segunda vez, algo que estaba queriendo desde hace un par de años. Darle a mi hija una hermana o hermano y la posibilidad de construir con ella o él un vínculo de amor y complicidad tan copado como el que tengo yo con las mías.
Pero el ying y el yang conviven en cada situación de la vida. Y ahí está la sombra que opaca esta alegría.
Días como hoy hubo muchos antes de que el nuevo integrante llegara a la familia, y los seguirá habiendo, eso ya lo sé. A veces salgo mejor parada de las peleas. Otras, como hoy, me desbordo y digo cosas feas... Suerte que pido perdón rápido.
Pero este temita me está ganando un fastidio. Y lo peor fue haber descubierto hoy que tal vez mi deseo de tener una tercera hija o hijo venga solo de la necesidad de darle sí o sí una ahijada a mi hermana menor. Y en días como hoy, de desborde, de llanto, me pregunto: ¿para esto quiero traer otra hija al mundo? ¿Para que sean tres, y no dos, las hijas que no supe acompañar en las etapas difíciles de su crecimiento? ¿Es mío el deseo, o de la culpa? ¿O del deber ser? ¿O estoy repitiendo historias familiares? (Ya te leeré, Violeta, tengo esa cuenta pendiente todavía).
No puedo disfrutar a pleno de Milo Karim (bienvenido, Milo... ni un posteo te dediqué todavía...) con este temita inconcluso que presiento que se resolverá en mi contra.
A menos que recurramos a la sabiduría musical y lo echemos a suertes...

sábado, 14 de mayo de 2016

K.O.

Llorar es purgar la pena,
deshidratar todo el miedo que hay en ti,
es sudar la angustia que te llena,
es llover tristeza para poder ser feliz.
Mägo de Oz
Estoy haciendo todo mal. No soporto más este lugar en el que me puse. Tengo un agotamiento que no tuve nunca. Con una culpa terrible, me reconozco arrepentida de mi decisión. La felicidad dura una hora diaria en total. El resto es mierda.
Me cansé de llorar, todos los días, muchas veces.
Estoy haciendo todo mal, lo confirmo cuando la escucho repetir algunas frases que decimos y que están arruinando todo lo que alguna vez quise construir. Tanto leer, tanto decir "yo jamás voy a hacer esto", para terminar repitiendo toda la mierda que jamás pensé repetir.
Le digo histérica, hinchapelotas, y la ubico en ese lugar que ya tomó como propio y recrea dos, cinco, diez veces por día. Sí, obvio que la amo. Pero a veces me olvido. Y encima en breve van a ser dos, gracias a que me ganó otra vez el deseo ajeno, implantado subrepticiamente en mi mente de mujer sometida al sistema heteronormativo. Y ahora hacete cargo, nena, hacete cargo de ese deseo que nunca fue tuyo pero que te sometió igualmente.
* * *
Cuando pasa el terremoto, hay que dejar el refugio para sopesar los destrozos. La madre que tengo dentro, ese pedazo de mí que sí es feliz con la decisión, se asoma a ver qué quedó en pie. Bien, veamos... dos ojos rojos de llanto y algo de angustia aferrada a la garganta. El corazón es el que está peor (¿o son las vísceras? ¿cuál es el verdadero centro de las pasiones?), arrugado, como marchito, se achicó un poquito después de cargar tanta tristeza. Y ahora hay que barrer los escombros y reconstruir como se pueda.
Música de fondo pero silencio entre nosotros dos, que quedamos algo más lejos después del desastre. Nos dijimos cosas feas (más feas fueron las que me dije yo misma, pero eso no es excusa).
A remarla, dicen.
Volvamos al terremoto. Desencadenantes: los objetivos fallados de la labor materna. Reconocimiento de los límites: no logrado. Cena feliz en familia: no logrado. Niña durmiendo temprano: no logrado (mejor olvidemos el cuento antes de dormir para no sumar un desaprobado más). Que se abrigue (hace frío, che): no logrado. Sostener con amor el capricho interminable: (de más está decir:) no logrado.
Uff, a marzo directo (me quedé en el tiempo, eso ya no existe).
No hay cuentos de hadas. No hay finales felices. No brave new world.
Pero si hiciera estos mismos descargos después de esos momentos de alegría (que sí los hay, eh, pero estos pesan más...), si los hiciera, la balanza estaría más pareja.

viernes, 7 de agosto de 2015

Nuestro destete

Se celebra en todo el mundo la Semana de la Lactancia Materna.
Y justamente en esta semana, nosotras nos estamos despidiendo de la lactancia.
Fue una conexión hermosa, que nos unió durante poco más de dos años y medio de manera hermosa, especial, placentera, mágica a veces. La teta calmó angustias, aflojó ansiedades, liberó tensiones, lavó dolores, durmió cansancios...
Pero pasado el año y medio, mi cuerpo se empezó a cansar. El disfrute fue dando paso al desgano, al fastidio. Y necesité decir basta.
¡Ah! Pero ella no quería, no quería soltar. Fue un año entero de ir despegando de a poquito... espaciando tomas, estableciendo lugares, fijando momentos.
Costó, y mucho. Requirió de mucha paciencia y más amor.
El final fue lo más difícil. ¿Cuándo decir basta? ¿Cómo hacérselo entender sin que signifique una angustia que no podamos manejar? ¿Cómo hacer para que deje a su amada teta? Fue una semana complicada, de mucho llanto y mucho cuerpo, dormir a upa, con música, cantando, y abrazar, sostener y acunar ese llanto de separación.
Costó, y mucho. Requirió de mucha, muchísima paciencia, y más, mucho más amor.
Pero llegó la noche en que se durmió enseguida. Y la madrugada en que se volvió a dormir sólo abrazada a "su" teta. Y así, al fin, destetamos.
Hoy le agradezco a la teta por todo lo que nos dio, y recibo feliz y confiada esta nueva etapa, que nos encontrará de otra manera, redescubriendo el lazo que nos une.

viernes, 3 de julio de 2015

Aprendizaje

Qué difíciles son estos días madre. El cansancio se acumula y me tapa, me nubla los ojos un llanto opacidad que no me deja ver con claridad. Y me encuentro ante un lago infinitud, y allá en la otra orilla distancia está la respuesta; pero ¡ay! qué lejos está esa orilla.
La tormenta perfección se arremolina sobre mi cabeza y me impone una meta a la que sé que no puedo llegar. Pero mi mente audacia me juega malas pasadas... Y ahí sigo yo, habitando este país pequeñez que se llama maternidad, aferrada a mi miedo verdad que será el motor de mi avance.
Acá, a mi lado, ella: mi sol brillo, mi guía luz, Catalina Sol, que no es mía sino del mundo.


La escritura es mucho más que sólo desahogo. Pero en algunos momentos, poner en palabras el nudo de remolinos que pugnan por reinar en mi torrente sanguíneo me da cierta sensación de libertad, acaso falsa, acaso ilusoria. Tan falsa y tan ilusoria como los mundos de ficción. La literatura es mucho más que sólo esto. Pero esto es también un camino que nos lleva. A algún lado, no sé a dónde, pero ya eso es un avanzar, y ponerse en movimiento activa el flujo de energías que nos hace ser.
Este texto surgió hace unas semanas en el Taller Literario que coordino en la escuela secundaria en la que trabajo. Un grupo hermoso de chicxs con quienes redescubro jueves a jueves el amor que siento por la literatura, por la escritura, por la enseñanza. A ellxs va dedicado este post.

sábado, 27 de junio de 2015

Desbordada y loca

Escribí hace cosa de un mes y medio, en una de esas noches desesperantes, lo que sigue:

"Escribo esto en mi cama mientras en el living Cata llora desesperada y el padre la acuna intentando que se duerma. Llevamos media hora de intento de dormirla sin la teta. Siento angustia, desesperación, cansancio, bronca, ganas de llorar y de gritar. A través de la puerta cerrada llegan los gritos desgarradores de una hija que se niega a que le impongan horarios para la teta. Y ni hablemos del destete.
Me pregunto qué hicimos mal... Por qué este proceso está siendo tan desgastante y difícil para todos."

He de decir que en este tiempo logramos algo: llegamos a un acuerdo y la lactancia ya es sólo durante la noche. Y digo "llegamos a un acuerdo" y ya me dan ganas de reirme de mí y de mi inocencia. No fue tanto un acuerdo, fue más una imposición. Pero fue menos dolorosa de lo que me imaginaba, y Cata se lo tomó mejor de lo que esperaba. Sí, fue un fin de semana difícil, casi imposible. Pero ocurrió, ya no sé muy bien cómo. La cosa es que ahora sólo toma teta de noche, y las dos felices (yo mucho más, lo reconozco).
Pero esa descarga de hace cosa de un mes y medio sigue resonando en mí casi todos los días... "Siento angustia, desesperación, cansancio, bronca, ganas de llorar y de gritar"... Eso no se fue, está ahí. Ayer era la teta, hoy es su imposibilidad de manejar el enojo y la frustración. Gritos, golpes, juguetes revoleados, objetos que golpean paredes y mesas y estufas y lo que se les cruce a su paso.
No somos padres golpeadores. Jamás le pegamos en su corta vida.
Pero hay una violencia silenciosa, casi invisible, que se escurre en esos momentos en los que perdemos la paciencia. Mamá grita. Papá amenaza con encerrarla en la pieza.
Y ahí chau a la crianza respetuosa.
Somos concientes de eso. Por eso no uso eufemismos, digo las cosas como son: somos violentos. Y en la crianza no hay violencia que valga, no hay "es preferible gritar que pegar". Nada de eso es preferible. Lo único válido es tratar con amor, ponerse en el lugar de esa niña que no encuentra la manera de dar cauce a su enojo sin que eso signifique desbordarse y violentarse con el entorno. Porque si ni su madre ni su padre, ambos adultxs, pueden hacerlo, ¿cómo va a poder ella, con sus dos años y medio?
Es un largo camino el de la mater/paternidad. Difícil como pocos. Necesitamos de una red que nos contenga en los momentos de desborde y nos ilumine para encontrar el mejor modo de relacionarnos. Necesitamos mirar para adentro, reconocernos en esos monstruos en los que nos convertimos, hallar la herida y sanarla, para poder salir de ese lugar, con la fuerza y el amor necesarios para acompañar a nuestrxs hijxs con todo el respeto que se merecen.

sábado, 29 de marzo de 2014

Inspiración

Hacía mucho que no me pasaba: tengo la necesidad de escribir.
Son las tres menos cuarto de la mañana, mi hija duerme en nuestra cama y nosotros estamos a punto de acostarnos después de una peli. Estoy entrando a la habitación y ya la escucho despertarse: se despereza, gira, lloriquea, se sienta, desorientada. Me acerco a ella y la abrazo, la recuesto, y cuando estoy preparándome para darle teta y dormirla otra vez, me sorprende: me abraza el cuello con su bracito. No le hizo falta la teta; el abrazo y unas palmaditas en la cola bastan, y su respiración es señal de que se durmió otra vez. Cuando cae el brazo y puedo despegarme un poco, la miro: la cara relajada, los labios entreabiertos; le beso los cachetes, le acomodo el pelo. Estoy enamorada de mi chiquita.
Mientras todavía tenía su brazo sobre mi cuello, se me llenaba la garganta de una risa muda, hubiera querido reirme de alegría. Ahora que la miro, me doy cuenta de cuánto la amo, y las palabras me llenan la cabeza.
Me llegó la inspiración. Y se llama Catalina.
Sí, puede ser que sea muy cursi todo lo que escribo, pero está saliendo así, sin procesar.
Y necesito escribirlo. Para recordarlo mañana, y pasado mañana, y los días que vengan después... Cuando me gane el cansancio, el malhumor, el fastidio, la falta de paciencia. Cuando la bruja gane terreno y me encuentre gritando, puteando, mirándola enojada. Cuando el maternaje empiece a pesar, voy a necesitar refrescar en el cuerpo esta emoción que ahora me brota de la garganta, este amor que me sale por los poros.

martes, 21 de enero de 2014

¡Primer año!

Pensé que iba a tener mucho que decir cuando cumplieras un año de vida en la tierra, cuando yo cumpliera un año como mamá. Es que las emociones son tantas que me quedo sin palabras... sólo un gran torbellino de ideas, imágenes, recuerdos nítidos y otros borrosos, sensaciones que anidaron en el cuerpo pero que no sé muy bien cómo llamarlas, pensamientos inconexos donde pasado, presente y futuro se unen en una maraña extraña, en la que pienso lo que pasó y lo que podría pasar, y mi cabeza queda hecha un lío bárbaro.
¡Es la maternidad! El lío bárbaro es esto, la vida de madre. Una locura que de a poco invade la mente y el cuerpo, y de pronto, sin saber cómo, se transforma en el motor que me impulsa en el día a día. Porque una madre muy sabia me dijo una vez que sin locura no hay maternidad que aguante.
La cuestión es que cumplís un año. La primera revolución al Sol. Y pasé todo el día recordando cómo fue esa llegada, un año atrás. Tan esperada. Tan larga. El miedo, la compañía, el respeto. La ansiedad, la angustia, el aguante. Las ganas de huir, la necesidad de quedarme, el deseo de que termine. La locura, el dolor, los pequeños descansos tan necesarios. Las interrupciones, las impaciencias, la bronca. Los gritos, el sostén de los cuerpos, el apoyo de las palabras.
Y finalmente, el parto. Tu cabeza coronando. El éxtasis, el dolor, el miedo. El aro de fuego, partirse en dos, morir. No puedo más, no puedo más. Sí, podés, podés, ¡puedo! Y asomaste la cabeza, y te vi. ¡La veo, estás ahí, te veo! Increíble, me reí, solté.
El ruido y el roce de tu cuerpo saliendo de mí, los recuerdo perfectamente. Pero no desde mi cuerpo sino desde afuera. Como si en esos últimos pujos mi conciencia hubiera abandonado el cuerpo para ver todo desde afuera. Y no dejé de pensar. Como me dijo otra madre sabia, una pare como es, y yo soy esto que soy, que a un año de tu nacimiento sigue pensando, rememorando imágenes, recordando sensaciones, imaginando qué hubiera pasado si...
Sigo aprendiendo cada día, me falta mucho todavía para llegar a ser esa mamá que quiero ser. Me falta confiar más y estudiar menos. Despertar el recuerdo celular de miles de años de mujeres que me precedieron. Escuchar mi cuerpo, interpretar los vacíos del estómago, los nudos en la garganta. Conectarme con la bebé-nena que sos, lo que necesitás y lo que me pedís. Reconciliarme con el pasado (el consciente y el que está ahí latente). Llenarme de mucha, mucha, mucha más paciencia para acompañarte en tu crecimiento con todo el amor y el respeto que te merecés como ser humano. Y aprender a disfrutarte a cada rato, siempre, tus sonrisas, tus quejas, los dientes que salen, tus aprendizajes, tus primeras palabras, tus manos acariciándome la cara mientras tomás teta, tus piecitos prénsiles de monita, tu cuerpo dormido cerquita nuestro, el olor de tu pelo. Disfrutarte ahora, no en mi recuerdo, en mis imágenes, sino ahora, en nuestro presente, con los sentidos, llenarme de vos la vista, el tacto, el olfato.
A mí, tu mamá, a papá, y a vos, Catalina Sol, ¡feliz primer año!

viernes, 15 de noviembre de 2013

En las malas mucho más... (¿o mucho menos?)

UUUUUUUUUUUFFFFFFFFFFFF. . . . . . . Así estoy en estos días, la (falta de) salud está complicándonos la existencia...
Empezó la noche del sábado 27 de octubre, casi 28, cuando Catalina, con fiebre alta, tuvo convulsiones, en pleno barrio de Caballito, a punto de parar un taxi para volvernos a casa. De más está decir que el taxi que paramos nos llevó directamente a la guardia del Hospital Durand. Después de que le bajaron la fiebre y una vez que ya Cata nos miraba y había vuelto a "conectar", nos dejaron internadas hasta la tarde del lunes. Y eso gracias a la pediatra de Catalina que estuvo pendiente de nosotras y habló con la jefa de piso de pediatría para que nos dieran el alta después del resultado de la tomografía (que dio bien por suerte).
Dentro de todo caímos en un buen lugar, pero aun así el manoseo fue bastante: le sacaron sangre tres o cuatro veces, como tres análisis de orina con los intentos fallidos previos (no es fácil hacer que una nena de nueve meses haga pis en un tarrito, eh...), vía con suero primero y suelta "por las dudas" después, que hubo que sacar y volver a poner (con otro intento fallido de una de las enfermeras que al parecer no encontraba la vena...) porque se le había salido. También hisopado de fauces: test rápido primero, que dio bien, pero "para descartar es mejor hacerle un cultivo" (digo yo, por qué no pusieron el cultivo directamente, si no tenían planeado darnos el alta???). Y finalmente tomografía computada, con contraste endovenoso.
Tanto cuidar el parto y nacimiento de Catalina, para terminar casi tres días internada, con la cadena de médicas, enfermeras, residentes y practicantes, todos revisando y volviendo a revisar, analizando y volviendo a analizar... Y todos diciéndome "mami"!!! A ninguno le pude decir "mami no, Belén es mi nombre...", la aclaración (obvia) que me sacara del lugar de diminutivo desempoderado y me devolviera a mi lugar de madre consciente y responsable de la vida de su hija.

En fin, luego de tanto, y con todos los resultados negativos, volvimos a casa. Al día siguiente, a ver a la pediatra. Y ahí, en su consultorio, la mira y nos dice: "Esta nena está brotada". Cierto, tiene panza y espalda llena de granitos rojos, muy chiquitos (a mí me costó verlos, el papá pensó que era un sarpullido de tanto roce y toqueteo en el hospital). Catalina tenía la sexta! Esa eruptiva sin nombre, que al parecer cursa con un pico de fiebre muy alta y la erupción que aparece unos días después. Nada que hacer más que acompañar, pero por lo menos supimos el por qué de tanta fiebre el día de la convulsión. Nos volvemos tranquilos a casa!

Peeeero... llega un nuevo fin de semana, y Catu con tos, mocos y un ronquido al respirar como de gatito ronroneando. Médico a domicilio (y nueva consulta con nuestra pediatra): bronquiolitis! La que nos faltaba! Bah, a ella, a su cuerpito chiquito que está combatiendo tanto virus junto!!
A esto se le suma una erupción fuerte en la vulva que no la deja dormir mucho de noche, suponemos que porque le pica... Crema de Bach y a esperar que se pase!

Qué semanita larga esa... necesitamos de mucha paciencia para acompañar a Catalina con su malestar, su picazón y su agitamiento (que por suerte duró poco, dos intentos de nebulización con salbutamol, más por nuestra tranquilidad que por el bienestar suyo, porque la bronquiolitis se iba a curar igual).
Y de hecho nos faltó mucha paciencia...

Y encima, como si todo esto fuera poco, hace unos días se brotó otra vez, más fuerte que la erupción de la sexta... Tanto virus junto! Las defensas se le fueron al tacho después de la internación, y se ve que todavía  su cuerpo no pudo reorganizarse...

En fin, todo esto para decir que nuestra tarea como padres acompañantes nos dejó agotados... Nos resultó muy difícil bancarnos la demanda constante de Catu, que las primeras dos semanas después de la vuelta del hospital no soportaba que la sentáramos en el piso ni medio segundo; todo el tiempo quería upa, y nos quería a los dos: a la mañana me extrañaba a mí, a la tarde extrañaba al padre, y eso se traducía en quejas y llantos...

Cómo costó renovar la energía!! A mí me ayudó la huerta que empezó a crecer con la vuelta de la primavera, el calorcito que me levantó el humor, y poner mucha música, y bailar y cantar con Cata! Y con el cambio de aires, ella también volvió al ritmo de la casa, a jugar en el piso con sus juguetes, a dormir sus siestas sola...

Qué lindo vientito fresco que entra por la ventana... Entrá, entrá, viento, limpiá el aire de la casa, renovanos la energía, entrá, llevate el cansancio, el agotamiento, la falta de paciencia, y dejanos todos los rincones renovados con el aire nuevo de la primavera. Uuuuuuufffffffffffff!!!!!

Listo.

martes, 17 de septiembre de 2013

Docencia...

Hoy es mi primer día festejando la docencia como profesora de literatura. Hago un breve recuento hacia atrás, a los primeros días frente al curso, y me doy cuenta de que aprendí bastante en este tiempo tan corto: a interpretar las caras de mis alumnos, a manejar los tiempos del aula, a quedarme con lo bueno de cada clase, a entender que tengo frente a mí a cincuenta adolescentes que están sentados ahí sin saber muy bien para qué (y la mayor parte de ellos sabiendo muy bien que no quieren estar ahí sentados). Y aprendí a disfrutar, de todo y a pesar de mucho.

Un poco como me pasó con la maternidad.

También en mi rol de mamá aprendí mucho en estos casi ocho meses: aprendí a interpretar los llantos y quejidos, sonidos y gestos, a aprovechar las siestas de Cata para hacer mis propias siestas, a divertirme con las cosas que la divierten a ella, a jugar en el piso, a hacer upa, a dar la teta, a cantarle canciones para dormirla cuando el sueño se niega a venir, a hacer lo que siento, a probar cuando no sé qué hacer, a equivocarme y desandar lo hecho, a volver a probar, a sincerarme conmigo y con ella cuando la paciencia se me acaba... A disfrutar, de todo y a pesar de mucho.

Cierro con este poema de la Madre Teresa de Calcuta que una profe del colegio nos dedicó a todas sus colegas, pero que yo lo sentí más allá de la tarea docente. Sentí que reverberaba más adentro, más en el fondo, más en la sombra. Sentí que latía en mi útero generador de vida. Sentí que le daba palabras a esa angustia rara que desde hace unos días me revolotea la garganta con cada nuevo logro de Catalina que le abre el mundo delante de sus ojos. Porque cada nueva experiencia, cada nuevo día, es una muestra más de que no somos una. Y esa libertad que quiero regalarle, esa autonomía que quiero que disfrute (y que veo que disfruta), esa libertad va más allá de su motricidad.
Es la libertad de decidir por sí misma sobre su cuerpo y sobre su vida. Aun cuando esas decisiones no sean las que yo hubiera tomado en su lugar.

Enseñarás a volar...pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar...pero no soñarán tus sueños.

Enseñarás a vivir...pero no vivirán tu vida.

Enseñarás a cantar...pero no cantarán tu canción.

Enseñarás a pensar...pero no pensarán como tú.

Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, sueñen, vivan, canten y piensen, estará en ellos la semilla del camino enseñado y aprendido.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Crisis profesional

Nunca me gustó trabajar. Odio levantarme temprano, y más para hacer algo que me aburre.
Por eso pensé que cuando empezara a dar clases, a "trabajar de lo mío", ese malestar del domingo por la noche se iba a acabar, me iba a levantar con ganas, iba a disfrutar el trabajo.
No pasó. Todavía no me pasa. No tengo ganas. Me embola preparar las clases para un grupo de adolescentes que "saben" de antemano que se van a aburrir, que me dicen sin tapujos que odian leer.
Creo que lo que más me pesa es sentir que pierdo el tiempo cuando podría estar en casa con mi gorda.
¿Cuánto tiempo va a durar esto? ¿Es el puerperio y mi sincronización con la supuesta "angustia del octavo mes" de Catalina? ¿Es la educación normal, que me parece cada vez más retrógrada?
Estoy estancada, aburrida, triste, desorientada. Me conecté con mi ser madre y me desconecté del mundo laboral, y ahora no puedo volver a armar la conexión.
Creo que hay una partecita de mí que quiere sentirse "realizada en el aspecto profesional". Pero la otra parte, la hembra mamífera, maternante y lactadora, por ahora está ganando la pulseada.

sábado, 20 de julio de 2013

Media revolución al sol...



Hace seis meses, después de muchas horas de dolor, entre gritos y gemidos que cortaban el silencio, con mucho miedo y muchas ganas, sintiendo cosas que no había sentido nunca, sintiéndome chiquita pero fuerte, me partí, solté y naciste vos, mi Catalina Sol, de color violeta de recién nacida, envuelta mucho en tu cordón que todavía nos unía, con ojitos chiquitos que nos miraban...




Mi Catalina con sol en Acuario, Catuchi pestañas largas y ojos verdes que te convertiste en deambuladora antes de llegar a los seis meses, Catalina luna, Catu sonrisa grande de viejita sin dientes, Catalinda “me pongo sola el chupete”, CataLuna, maestra de vida, enseñándome a desandar todos los caminos, Catuni cachetes, Catalina Sol…

Hace seis meses mis planetas se alinearon en tu eje. ¡Te amo mucho, chiquitina!

miércoles, 19 de junio de 2013

La primera caída

Siempre hay una primera vez para todo, y esta vez tocó una no tan linda: Cata se cayó de la cama. Un segundo que giré para agarrar una galletita de la mesa de luz, y cuando volví a girar llegué a ver la colita de Cata que desparecía en el vacío. Un instante más tarde, el llanto. ¡Chiquita! Corrí a alzarla, le hice mimos, le expliqué que se había caído y se había golpeado. Cuando se calmó un poco, también le di teta hasta que se quedó dormida.
Y ahí me vino el conocimiento-chatarra que alguna vez leí o escuché: “¡si se golpeó la cabeza no tengo que dejarla dormir!” No sé si será verdad o no, pero yo la desperté igual. Lo cual fue peor, porque empezó a llorar otra vez. Mientras la calmaba, aproveché para sacarle la ropa y mirar si se había golpeado, porque en la cabeza no tenía nada; y le encontré un moretón en la rodilla, con lo cual me alivié un poco porque al menos ahora sabía con qué había aterrizado.
El golpe, el susto, el dolor, el llanto, todo eso junto al parecer la había agotado, porque una vez que la vestí se durmió enseguida.
Y en cuanto se durmió, apareció mi vieja amiga: ¡la culpa! Que por qué dejé de mirarla, que cómo me voy a dar vuelta por una galletita, que cómo pude dejar que se me cayera!
El papá de Cata, con su habitual tranquilidad, me sacó de tanto dramatismo: “¡estas cosas pasan, no es tu culpa!” (Qué cosa la culpa, ¿no?)
Me tranquilizó darme cuenta de que tuve la calma suficiente para atravesar la situación y poder consolar a mi bebé. Por suerte, no fue un golpe grave, y estoy segura de que las dos aprendimos de la experiencia.

(Nota para la próxima: ¡a jugar lejos de los bordes!)

lunes, 3 de junio de 2013

Puérpera... ¡Y a mucha honra!

Primero, un poco de teoría:
La afirmación de que el puerperio comprende los primeros 40 días posteriores al parto (la famosa “cuarentena”) está por lo menos puesta en duda (cuando no descartada por completo) desde hace algunos años. Para Laura Gutman, el puerperio se extiende desde el parto hasta los dos años, cuando el niño comienza a comprender que es un “yo” separado de “mamá”, al tiempo que la madre también empieza a reencontrar su “yo”, separado de su ser madre. Algunas puericultoras y doblas (al menos las que yo conozco) sostienen que el puerperio finaliza cuando la madre puede pensarse independientemente de su bebé, y este momento es personal de cada díada.

Hechas las aclaraciones del caso (esta costumbre de “justificar teóricamente” que me metió la facultad…), hoy quiero decir que estoy transitando mi puerperio con tanta pasión que odio cuando alguien quiere arrebatármelo. Me pasó que me dijeron (palabras más, palabras menos): “bueno, cortala con la excusa del puerperio porque se terminó a los 40 días”. Me dejaron pensando…
Y llegué a la conclusión de que afirmar eso es obligar a la madre a desarmar la díada mamá-bebé y a volver a ser una mujer independiente, trabajadora (o estudiante, o ambas), productiva. ¿Qué pasa, entonces, con las madres que no queremos “volver”, que preferimos seguir inmersas en este vínculo de cuerpos y amor y upa y teta y leche que es el maternaje? Yo no me “excuso” en el puerperio, lo transito orgullosa y feliz, con todo el revuelo hormonal y las inseguridades, haciendo lo que puedo, puteando y disfrutando, llorando y riendo (a veces las dos cosas juntas).

El tiempo dirá si me encontré o no con mi propia sombra. Por ahora, soy puérpera, ¡y a mucha honra!

jueves, 30 de mayo de 2013

Chau, jardín =)

En abril, con dos meses y medio, Cata empezó a ir al jardín. Era casi un juego: iba una o dos veces por semana, una horita, y en ese rato pasaba bastante tiempo con su abuela (que también es maestra en ese jardín). Mientras, su papá y yo nos tomábamos un café en el DOT. La verdad es que la habíamos anotado para asegurarnos la vacante para el año que viene, para que Adrián tuviera libres las mañanas y pudiera buscar otro trabajo, ahora que hay “una boca más que alimentar” (o un cuerpo más que vestir, porque lo que es alimento, la teta es gratis).
Pero la maestra nos puso el ultimátum: ya era momento de que Cata empezara a ir regularmente, y para poder quedarse las tres horas que correspondían, tenía que empezar a tomar mamadera.
Ah, se me vino el mundo abajo. Primero, mi deseo de que en su momento Cata pasara de la teta al vaso ya no iba a ser posible. Segundo, para que Cata agarrara la mamadera, había que “enseñarle”, y eso equivalía a resignar teteadas en casa para que Adri le diera mi leche en mamadera, lo cual me parecía una reverenda pelotudez.
Necesité llorar un buen rato para que se me empezaran a acomodar las fichas. En el silencio de esa hora de espera, escuché la voz de la madre apegada (la que no piensa tanto y siente más) y la dejé tomar la decisión.
¿Qué estamos privilegiando por encima de la crianza de nuestra hija? Porque si es bienestar económico, creo que la estamos pifiando. O no, no sé, pero no es lo que yo quiero en este momento.
Así que decidimos que Catalina no va a ir más al jardín. Y el año que viene, o el siguiente, veremos.
Con la decisión tomada, qué bien dormí esa noche.

Otros fragmentos que me rondaron