jueves, 23 de mayo de 2013

Silencio, mujer pariendo, bebé naciendo

Estamos recorriendo la Semana Mundial del Parto Respetado, este año con el Lema del título, que hace foco en la importancia del Silencio en el momento del parto. Pienso en las escenas comunes a las que nos tiene acostumbradas la tele y el cine, con mujeres pariendo semisentadas en camillas, en una habitación totalmente iluminada, rodeadas de médicos y/o parteras con su "pujá, pujá" (y no me meto en la violencia obstétrica, eso será para otro día).
Pienso en estas escenas, y pienso en mi parto, el nacimiento de Catalina. ¡Qué distintos! Estábamos en casa, casi a oscuras, en silencio (la música había terminado y en medio de las últimas contracciones ni se nos ocurrió poner algún otro cd). Y cortando ese silencio, mis gritos desgarradores. Porque nadie me obligó a que me callara; y sí, grité como nunca había gritado en mi vida. Mientras Cata se abría paso al mundo, grité con una fuerza que no sabía que tenía, con la vibración desde el centro del pecho mientras el cuerpo se partía en dos. Y entre cada grito, mi respiración agitada, los susurros de Adri y de mis parteros, pero más que nada el silencio, la espera.


No se me ocurre una mejor manera para recibir a un bebé que acaba de pasar por la experiencia más estremecedora, aterradora y agotadora de su corta vida: el esfuerzo de nacer. Por ese bebé hay que cuidar el entorno, para darle el mejor recibimiento; pero también por la madre, para dejar que la hembra mamífera que tiene dentro salga a la superficie y se adueñe de ese momento. Somos mujeres, sabemos parir, sólo tienen que hacer silencio y dejarnos hacer.

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