lunes, 3 de junio de 2013

Puérpera... ¡Y a mucha honra!

Primero, un poco de teoría:
La afirmación de que el puerperio comprende los primeros 40 días posteriores al parto (la famosa “cuarentena”) está por lo menos puesta en duda (cuando no descartada por completo) desde hace algunos años. Para Laura Gutman, el puerperio se extiende desde el parto hasta los dos años, cuando el niño comienza a comprender que es un “yo” separado de “mamá”, al tiempo que la madre también empieza a reencontrar su “yo”, separado de su ser madre. Algunas puericultoras y doblas (al menos las que yo conozco) sostienen que el puerperio finaliza cuando la madre puede pensarse independientemente de su bebé, y este momento es personal de cada díada.

Hechas las aclaraciones del caso (esta costumbre de “justificar teóricamente” que me metió la facultad…), hoy quiero decir que estoy transitando mi puerperio con tanta pasión que odio cuando alguien quiere arrebatármelo. Me pasó que me dijeron (palabras más, palabras menos): “bueno, cortala con la excusa del puerperio porque se terminó a los 40 días”. Me dejaron pensando…
Y llegué a la conclusión de que afirmar eso es obligar a la madre a desarmar la díada mamá-bebé y a volver a ser una mujer independiente, trabajadora (o estudiante, o ambas), productiva. ¿Qué pasa, entonces, con las madres que no queremos “volver”, que preferimos seguir inmersas en este vínculo de cuerpos y amor y upa y teta y leche que es el maternaje? Yo no me “excuso” en el puerperio, lo transito orgullosa y feliz, con todo el revuelo hormonal y las inseguridades, haciendo lo que puedo, puteando y disfrutando, llorando y riendo (a veces las dos cosas juntas).

El tiempo dirá si me encontré o no con mi propia sombra. Por ahora, soy puérpera, ¡y a mucha honra!

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