viernes, 3 de julio de 2015

Aprendizaje

Qué difíciles son estos días madre. El cansancio se acumula y me tapa, me nubla los ojos un llanto opacidad que no me deja ver con claridad. Y me encuentro ante un lago infinitud, y allá en la otra orilla distancia está la respuesta; pero ¡ay! qué lejos está esa orilla.
La tormenta perfección se arremolina sobre mi cabeza y me impone una meta a la que sé que no puedo llegar. Pero mi mente audacia me juega malas pasadas... Y ahí sigo yo, habitando este país pequeñez que se llama maternidad, aferrada a mi miedo verdad que será el motor de mi avance.
Acá, a mi lado, ella: mi sol brillo, mi guía luz, Catalina Sol, que no es mía sino del mundo.


La escritura es mucho más que sólo desahogo. Pero en algunos momentos, poner en palabras el nudo de remolinos que pugnan por reinar en mi torrente sanguíneo me da cierta sensación de libertad, acaso falsa, acaso ilusoria. Tan falsa y tan ilusoria como los mundos de ficción. La literatura es mucho más que sólo esto. Pero esto es también un camino que nos lleva. A algún lado, no sé a dónde, pero ya eso es un avanzar, y ponerse en movimiento activa el flujo de energías que nos hace ser.
Este texto surgió hace unas semanas en el Taller Literario que coordino en la escuela secundaria en la que trabajo. Un grupo hermoso de chicxs con quienes redescubro jueves a jueves el amor que siento por la literatura, por la escritura, por la enseñanza. A ellxs va dedicado este post.

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