martes, 13 de noviembre de 2018

Giratiempo

El tiempo es implacable, dice la frase hecha. Y lo descubrí hoy mientras miraba la cara afiebrada de mi hija que dormía. Y me encontré pensando cómo había pasado el tiempo tan rápido. Como buena ansiosa que soy, me paso la vida planificando y esperando que llegue "ese momento" (que cuando llega me pasa por al lado mientras yo espero ese otro momento nuevo). Desde que nació Cata no paré de esperar que llegara ese nuevo próximo paso en su crecimiento, "que se pase este que estoy viviendo ahora que me agota y que ya no sé cómo afrontar". Su primera infancia, que fue mi primera infancia de madre, fue una sucesión de ansiedades, miedos y nosaberes. Me fui haciendo consciente con el nacimiento de Milo.
Pero verla hoy, así dormida y afriebrada, me hizo como nunca pensar en que es verdad que el tiempo avanza implacable llevándose lo que ya nunca será. No suelo ser nostálgica pero algo así me agarró hoy. Me descubrí deseando eternizar esta edad suya, que ya entiendo; esta Cata de casi seis a la que sé acompañar en su transitar cotidiano.
Pero también es de ansiosa esta sensación de hoy, en la que supengo que toda esta nueva etapa que viene ahora va a ser más difícil.
Y resulta que ahora, mientras escribo esto, veo que mi hija (mi Gran Maestra) me trae el aprendizaje de vivir a conciencia el día a día de la vida. Carpe diem, escribió el poeta Horacio; porque el tiempo pasa, y sí, nos vamos poniendo viejos.

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