UUUUUUUUUUUFFFFFFFFFFFF. . . . . . . Así estoy en estos días, la (falta de) salud está complicándonos la existencia...
Empezó la noche del sábado 27 de octubre, casi 28, cuando Catalina, con fiebre alta, tuvo convulsiones, en pleno barrio de Caballito, a punto de parar un taxi para volvernos a casa. De más está decir que el taxi que paramos nos llevó directamente a la guardia del Hospital Durand. Después de que le bajaron la fiebre y una vez que ya Cata nos miraba y había vuelto a "conectar", nos dejaron internadas hasta la tarde del lunes. Y eso gracias a la pediatra de Catalina que estuvo pendiente de nosotras y habló con la jefa de piso de pediatría para que nos dieran el alta después del resultado de la tomografía (que dio bien por suerte).
Dentro de todo caímos en un buen lugar, pero aun así el manoseo fue bastante: le sacaron sangre tres o cuatro veces, como tres análisis de orina con los intentos fallidos previos (no es fácil hacer que una nena de nueve meses haga pis en un tarrito, eh...), vía con suero primero y suelta "por las dudas" después, que hubo que sacar y volver a poner (con otro intento fallido de una de las enfermeras que al parecer no encontraba la vena...) porque se le había salido. También hisopado de fauces: test rápido primero, que dio bien, pero "para descartar es mejor hacerle un cultivo" (digo yo, por qué no pusieron el cultivo directamente, si no tenían planeado darnos el alta???). Y finalmente tomografía computada, con contraste endovenoso.
Tanto cuidar el parto y nacimiento de Catalina, para terminar casi tres días internada, con la cadena de médicas, enfermeras, residentes y practicantes, todos revisando y volviendo a revisar, analizando y volviendo a analizar... Y todos diciéndome "mami"!!! A ninguno le pude decir "mami no, Belén es mi nombre...", la aclaración (obvia) que me sacara del lugar de diminutivo desempoderado y me devolviera a mi lugar de madre consciente y responsable de la vida de su hija.
En fin, luego de tanto, y con todos los resultados negativos, volvimos a casa. Al día siguiente, a ver a la pediatra. Y ahí, en su consultorio, la mira y nos dice: "Esta nena está brotada". Cierto, tiene panza y espalda llena de granitos rojos, muy chiquitos (a mí me costó verlos, el papá pensó que era un sarpullido de tanto roce y toqueteo en el hospital). Catalina tenía la sexta! Esa eruptiva sin nombre, que al parecer cursa con un pico de fiebre muy alta y la erupción que aparece unos días después. Nada que hacer más que acompañar, pero por lo menos supimos el por qué de tanta fiebre el día de la convulsión. Nos volvemos tranquilos a casa!
Peeeero... llega un nuevo fin de semana, y Catu con tos, mocos y un ronquido al respirar como de gatito ronroneando. Médico a domicilio (y nueva consulta con nuestra pediatra): bronquiolitis! La que nos faltaba! Bah, a ella, a su cuerpito chiquito que está combatiendo tanto virus junto!!
A esto se le suma una erupción fuerte en la vulva que no la deja dormir mucho de noche, suponemos que porque le pica... Crema de Bach y a esperar que se pase!
Qué semanita larga esa... necesitamos de mucha paciencia para acompañar a Catalina con su malestar, su picazón y su agitamiento (que por suerte duró poco, dos intentos de nebulización con salbutamol, más por nuestra tranquilidad que por el bienestar suyo, porque la bronquiolitis se iba a curar igual).
Y de hecho nos faltó mucha paciencia...
Y encima, como si todo esto fuera poco, hace unos días se brotó otra vez, más fuerte que la erupción de la sexta... Tanto virus junto! Las defensas se le fueron al tacho después de la internación, y se ve que todavía su cuerpo no pudo reorganizarse...
En fin, todo esto para decir que nuestra tarea como padres acompañantes nos dejó agotados... Nos resultó muy difícil bancarnos la demanda constante de Catu, que las primeras dos semanas después de la vuelta del hospital no soportaba que la sentáramos en el piso ni medio segundo; todo el tiempo quería upa, y nos quería a los dos: a la mañana me extrañaba a mí, a la tarde extrañaba al padre, y eso se traducía en quejas y llantos...
Cómo costó renovar la energía!! A mí me ayudó la huerta que empezó a crecer con la vuelta de la primavera, el calorcito que me levantó el humor, y poner mucha música, y bailar y cantar con Cata! Y con el cambio de aires, ella también volvió al ritmo de la casa, a jugar en el piso con sus juguetes, a dormir sus siestas sola...
Qué lindo vientito fresco que entra por la ventana... Entrá, entrá, viento, limpiá el aire de la casa, renovanos la energía, entrá, llevate el cansancio, el agotamiento, la falta de paciencia, y dejanos todos los rincones renovados con el aire nuevo de la primavera. Uuuuuuufffffffffffff!!!!!
Listo.