viernes, 25 de septiembre de 2015

Hombre águila

Llegará el día en que un águila descenderá de los cielos en el transcurso de una tormenta. Allí, en medio del desierto, una figura solitaria se erguirá, alzará sus ojos y el águila vendrá a posarse en su hombro. Cacique de una tribu masacrada, el hombre estará esperando esa señal de los cielos. Y la recibirá. Y se unirá a ella. Y esa unión lo transformará: el águila le clavará el pico en su pecho, y de pronto serán uno solo.
El hombre águila remontará vuelo. Atravesará el desierto y llegará al océano. Volará en cículos, se acercará a la orilla, volverá a elevarse.
Y al fin, de entre las olas surgirá una mano. Dedos finos, piel oscura. Hacia allí volará el hombre águila y la tomará con todas sus fuerzas. Pero sus brazos ya no serán brazos sino alas, y sus pies serán garras, y esa mano se escurrirá en un inútil intento de ser salvada. Y el hombre águila, desesperado, verá esa mano amada hundirse, dejando tras de sí un efímero rastro de espuma.

viernes, 7 de agosto de 2015

Nuestro destete

Se celebra en todo el mundo la Semana de la Lactancia Materna.
Y justamente en esta semana, nosotras nos estamos despidiendo de la lactancia.
Fue una conexión hermosa, que nos unió durante poco más de dos años y medio de manera hermosa, especial, placentera, mágica a veces. La teta calmó angustias, aflojó ansiedades, liberó tensiones, lavó dolores, durmió cansancios...
Pero pasado el año y medio, mi cuerpo se empezó a cansar. El disfrute fue dando paso al desgano, al fastidio. Y necesité decir basta.
¡Ah! Pero ella no quería, no quería soltar. Fue un año entero de ir despegando de a poquito... espaciando tomas, estableciendo lugares, fijando momentos.
Costó, y mucho. Requirió de mucha paciencia y más amor.
El final fue lo más difícil. ¿Cuándo decir basta? ¿Cómo hacérselo entender sin que signifique una angustia que no podamos manejar? ¿Cómo hacer para que deje a su amada teta? Fue una semana complicada, de mucho llanto y mucho cuerpo, dormir a upa, con música, cantando, y abrazar, sostener y acunar ese llanto de separación.
Costó, y mucho. Requirió de mucha, muchísima paciencia, y más, mucho más amor.
Pero llegó la noche en que se durmió enseguida. Y la madrugada en que se volvió a dormir sólo abrazada a "su" teta. Y así, al fin, destetamos.
Hoy le agradezco a la teta por todo lo que nos dio, y recibo feliz y confiada esta nueva etapa, que nos encontrará de otra manera, redescubriendo el lazo que nos une.

viernes, 3 de julio de 2015

Aprendizaje

Qué difíciles son estos días madre. El cansancio se acumula y me tapa, me nubla los ojos un llanto opacidad que no me deja ver con claridad. Y me encuentro ante un lago infinitud, y allá en la otra orilla distancia está la respuesta; pero ¡ay! qué lejos está esa orilla.
La tormenta perfección se arremolina sobre mi cabeza y me impone una meta a la que sé que no puedo llegar. Pero mi mente audacia me juega malas pasadas... Y ahí sigo yo, habitando este país pequeñez que se llama maternidad, aferrada a mi miedo verdad que será el motor de mi avance.
Acá, a mi lado, ella: mi sol brillo, mi guía luz, Catalina Sol, que no es mía sino del mundo.


La escritura es mucho más que sólo desahogo. Pero en algunos momentos, poner en palabras el nudo de remolinos que pugnan por reinar en mi torrente sanguíneo me da cierta sensación de libertad, acaso falsa, acaso ilusoria. Tan falsa y tan ilusoria como los mundos de ficción. La literatura es mucho más que sólo esto. Pero esto es también un camino que nos lleva. A algún lado, no sé a dónde, pero ya eso es un avanzar, y ponerse en movimiento activa el flujo de energías que nos hace ser.
Este texto surgió hace unas semanas en el Taller Literario que coordino en la escuela secundaria en la que trabajo. Un grupo hermoso de chicxs con quienes redescubro jueves a jueves el amor que siento por la literatura, por la escritura, por la enseñanza. A ellxs va dedicado este post.

sábado, 27 de junio de 2015

Desbordada y loca

Escribí hace cosa de un mes y medio, en una de esas noches desesperantes, lo que sigue:

"Escribo esto en mi cama mientras en el living Cata llora desesperada y el padre la acuna intentando que se duerma. Llevamos media hora de intento de dormirla sin la teta. Siento angustia, desesperación, cansancio, bronca, ganas de llorar y de gritar. A través de la puerta cerrada llegan los gritos desgarradores de una hija que se niega a que le impongan horarios para la teta. Y ni hablemos del destete.
Me pregunto qué hicimos mal... Por qué este proceso está siendo tan desgastante y difícil para todos."

He de decir que en este tiempo logramos algo: llegamos a un acuerdo y la lactancia ya es sólo durante la noche. Y digo "llegamos a un acuerdo" y ya me dan ganas de reirme de mí y de mi inocencia. No fue tanto un acuerdo, fue más una imposición. Pero fue menos dolorosa de lo que me imaginaba, y Cata se lo tomó mejor de lo que esperaba. Sí, fue un fin de semana difícil, casi imposible. Pero ocurrió, ya no sé muy bien cómo. La cosa es que ahora sólo toma teta de noche, y las dos felices (yo mucho más, lo reconozco).
Pero esa descarga de hace cosa de un mes y medio sigue resonando en mí casi todos los días... "Siento angustia, desesperación, cansancio, bronca, ganas de llorar y de gritar"... Eso no se fue, está ahí. Ayer era la teta, hoy es su imposibilidad de manejar el enojo y la frustración. Gritos, golpes, juguetes revoleados, objetos que golpean paredes y mesas y estufas y lo que se les cruce a su paso.
No somos padres golpeadores. Jamás le pegamos en su corta vida.
Pero hay una violencia silenciosa, casi invisible, que se escurre en esos momentos en los que perdemos la paciencia. Mamá grita. Papá amenaza con encerrarla en la pieza.
Y ahí chau a la crianza respetuosa.
Somos concientes de eso. Por eso no uso eufemismos, digo las cosas como son: somos violentos. Y en la crianza no hay violencia que valga, no hay "es preferible gritar que pegar". Nada de eso es preferible. Lo único válido es tratar con amor, ponerse en el lugar de esa niña que no encuentra la manera de dar cauce a su enojo sin que eso signifique desbordarse y violentarse con el entorno. Porque si ni su madre ni su padre, ambos adultxs, pueden hacerlo, ¿cómo va a poder ella, con sus dos años y medio?
Es un largo camino el de la mater/paternidad. Difícil como pocos. Necesitamos de una red que nos contenga en los momentos de desborde y nos ilumine para encontrar el mejor modo de relacionarnos. Necesitamos mirar para adentro, reconocernos en esos monstruos en los que nos convertimos, hallar la herida y sanarla, para poder salir de ese lugar, con la fuerza y el amor necesarios para acompañar a nuestrxs hijxs con todo el respeto que se merecen.

sábado, 29 de marzo de 2014

Inspiración

Hacía mucho que no me pasaba: tengo la necesidad de escribir.
Son las tres menos cuarto de la mañana, mi hija duerme en nuestra cama y nosotros estamos a punto de acostarnos después de una peli. Estoy entrando a la habitación y ya la escucho despertarse: se despereza, gira, lloriquea, se sienta, desorientada. Me acerco a ella y la abrazo, la recuesto, y cuando estoy preparándome para darle teta y dormirla otra vez, me sorprende: me abraza el cuello con su bracito. No le hizo falta la teta; el abrazo y unas palmaditas en la cola bastan, y su respiración es señal de que se durmió otra vez. Cuando cae el brazo y puedo despegarme un poco, la miro: la cara relajada, los labios entreabiertos; le beso los cachetes, le acomodo el pelo. Estoy enamorada de mi chiquita.
Mientras todavía tenía su brazo sobre mi cuello, se me llenaba la garganta de una risa muda, hubiera querido reirme de alegría. Ahora que la miro, me doy cuenta de cuánto la amo, y las palabras me llenan la cabeza.
Me llegó la inspiración. Y se llama Catalina.
Sí, puede ser que sea muy cursi todo lo que escribo, pero está saliendo así, sin procesar.
Y necesito escribirlo. Para recordarlo mañana, y pasado mañana, y los días que vengan después... Cuando me gane el cansancio, el malhumor, el fastidio, la falta de paciencia. Cuando la bruja gane terreno y me encuentre gritando, puteando, mirándola enojada. Cuando el maternaje empiece a pesar, voy a necesitar refrescar en el cuerpo esta emoción que ahora me brota de la garganta, este amor que me sale por los poros.

martes, 21 de enero de 2014

¡Primer año!

Pensé que iba a tener mucho que decir cuando cumplieras un año de vida en la tierra, cuando yo cumpliera un año como mamá. Es que las emociones son tantas que me quedo sin palabras... sólo un gran torbellino de ideas, imágenes, recuerdos nítidos y otros borrosos, sensaciones que anidaron en el cuerpo pero que no sé muy bien cómo llamarlas, pensamientos inconexos donde pasado, presente y futuro se unen en una maraña extraña, en la que pienso lo que pasó y lo que podría pasar, y mi cabeza queda hecha un lío bárbaro.
¡Es la maternidad! El lío bárbaro es esto, la vida de madre. Una locura que de a poco invade la mente y el cuerpo, y de pronto, sin saber cómo, se transforma en el motor que me impulsa en el día a día. Porque una madre muy sabia me dijo una vez que sin locura no hay maternidad que aguante.
La cuestión es que cumplís un año. La primera revolución al Sol. Y pasé todo el día recordando cómo fue esa llegada, un año atrás. Tan esperada. Tan larga. El miedo, la compañía, el respeto. La ansiedad, la angustia, el aguante. Las ganas de huir, la necesidad de quedarme, el deseo de que termine. La locura, el dolor, los pequeños descansos tan necesarios. Las interrupciones, las impaciencias, la bronca. Los gritos, el sostén de los cuerpos, el apoyo de las palabras.
Y finalmente, el parto. Tu cabeza coronando. El éxtasis, el dolor, el miedo. El aro de fuego, partirse en dos, morir. No puedo más, no puedo más. Sí, podés, podés, ¡puedo! Y asomaste la cabeza, y te vi. ¡La veo, estás ahí, te veo! Increíble, me reí, solté.
El ruido y el roce de tu cuerpo saliendo de mí, los recuerdo perfectamente. Pero no desde mi cuerpo sino desde afuera. Como si en esos últimos pujos mi conciencia hubiera abandonado el cuerpo para ver todo desde afuera. Y no dejé de pensar. Como me dijo otra madre sabia, una pare como es, y yo soy esto que soy, que a un año de tu nacimiento sigue pensando, rememorando imágenes, recordando sensaciones, imaginando qué hubiera pasado si...
Sigo aprendiendo cada día, me falta mucho todavía para llegar a ser esa mamá que quiero ser. Me falta confiar más y estudiar menos. Despertar el recuerdo celular de miles de años de mujeres que me precedieron. Escuchar mi cuerpo, interpretar los vacíos del estómago, los nudos en la garganta. Conectarme con la bebé-nena que sos, lo que necesitás y lo que me pedís. Reconciliarme con el pasado (el consciente y el que está ahí latente). Llenarme de mucha, mucha, mucha más paciencia para acompañarte en tu crecimiento con todo el amor y el respeto que te merecés como ser humano. Y aprender a disfrutarte a cada rato, siempre, tus sonrisas, tus quejas, los dientes que salen, tus aprendizajes, tus primeras palabras, tus manos acariciándome la cara mientras tomás teta, tus piecitos prénsiles de monita, tu cuerpo dormido cerquita nuestro, el olor de tu pelo. Disfrutarte ahora, no en mi recuerdo, en mis imágenes, sino ahora, en nuestro presente, con los sentidos, llenarme de vos la vista, el tacto, el olfato.
A mí, tu mamá, a papá, y a vos, Catalina Sol, ¡feliz primer año!

viernes, 15 de noviembre de 2013

En las malas mucho más... (¿o mucho menos?)

UUUUUUUUUUUFFFFFFFFFFFF. . . . . . . Así estoy en estos días, la (falta de) salud está complicándonos la existencia...
Empezó la noche del sábado 27 de octubre, casi 28, cuando Catalina, con fiebre alta, tuvo convulsiones, en pleno barrio de Caballito, a punto de parar un taxi para volvernos a casa. De más está decir que el taxi que paramos nos llevó directamente a la guardia del Hospital Durand. Después de que le bajaron la fiebre y una vez que ya Cata nos miraba y había vuelto a "conectar", nos dejaron internadas hasta la tarde del lunes. Y eso gracias a la pediatra de Catalina que estuvo pendiente de nosotras y habló con la jefa de piso de pediatría para que nos dieran el alta después del resultado de la tomografía (que dio bien por suerte).
Dentro de todo caímos en un buen lugar, pero aun así el manoseo fue bastante: le sacaron sangre tres o cuatro veces, como tres análisis de orina con los intentos fallidos previos (no es fácil hacer que una nena de nueve meses haga pis en un tarrito, eh...), vía con suero primero y suelta "por las dudas" después, que hubo que sacar y volver a poner (con otro intento fallido de una de las enfermeras que al parecer no encontraba la vena...) porque se le había salido. También hisopado de fauces: test rápido primero, que dio bien, pero "para descartar es mejor hacerle un cultivo" (digo yo, por qué no pusieron el cultivo directamente, si no tenían planeado darnos el alta???). Y finalmente tomografía computada, con contraste endovenoso.
Tanto cuidar el parto y nacimiento de Catalina, para terminar casi tres días internada, con la cadena de médicas, enfermeras, residentes y practicantes, todos revisando y volviendo a revisar, analizando y volviendo a analizar... Y todos diciéndome "mami"!!! A ninguno le pude decir "mami no, Belén es mi nombre...", la aclaración (obvia) que me sacara del lugar de diminutivo desempoderado y me devolviera a mi lugar de madre consciente y responsable de la vida de su hija.

En fin, luego de tanto, y con todos los resultados negativos, volvimos a casa. Al día siguiente, a ver a la pediatra. Y ahí, en su consultorio, la mira y nos dice: "Esta nena está brotada". Cierto, tiene panza y espalda llena de granitos rojos, muy chiquitos (a mí me costó verlos, el papá pensó que era un sarpullido de tanto roce y toqueteo en el hospital). Catalina tenía la sexta! Esa eruptiva sin nombre, que al parecer cursa con un pico de fiebre muy alta y la erupción que aparece unos días después. Nada que hacer más que acompañar, pero por lo menos supimos el por qué de tanta fiebre el día de la convulsión. Nos volvemos tranquilos a casa!

Peeeero... llega un nuevo fin de semana, y Catu con tos, mocos y un ronquido al respirar como de gatito ronroneando. Médico a domicilio (y nueva consulta con nuestra pediatra): bronquiolitis! La que nos faltaba! Bah, a ella, a su cuerpito chiquito que está combatiendo tanto virus junto!!
A esto se le suma una erupción fuerte en la vulva que no la deja dormir mucho de noche, suponemos que porque le pica... Crema de Bach y a esperar que se pase!

Qué semanita larga esa... necesitamos de mucha paciencia para acompañar a Catalina con su malestar, su picazón y su agitamiento (que por suerte duró poco, dos intentos de nebulización con salbutamol, más por nuestra tranquilidad que por el bienestar suyo, porque la bronquiolitis se iba a curar igual).
Y de hecho nos faltó mucha paciencia...

Y encima, como si todo esto fuera poco, hace unos días se brotó otra vez, más fuerte que la erupción de la sexta... Tanto virus junto! Las defensas se le fueron al tacho después de la internación, y se ve que todavía  su cuerpo no pudo reorganizarse...

En fin, todo esto para decir que nuestra tarea como padres acompañantes nos dejó agotados... Nos resultó muy difícil bancarnos la demanda constante de Catu, que las primeras dos semanas después de la vuelta del hospital no soportaba que la sentáramos en el piso ni medio segundo; todo el tiempo quería upa, y nos quería a los dos: a la mañana me extrañaba a mí, a la tarde extrañaba al padre, y eso se traducía en quejas y llantos...

Cómo costó renovar la energía!! A mí me ayudó la huerta que empezó a crecer con la vuelta de la primavera, el calorcito que me levantó el humor, y poner mucha música, y bailar y cantar con Cata! Y con el cambio de aires, ella también volvió al ritmo de la casa, a jugar en el piso con sus juguetes, a dormir sus siestas sola...

Qué lindo vientito fresco que entra por la ventana... Entrá, entrá, viento, limpiá el aire de la casa, renovanos la energía, entrá, llevate el cansancio, el agotamiento, la falta de paciencia, y dejanos todos los rincones renovados con el aire nuevo de la primavera. Uuuuuuufffffffffffff!!!!!

Listo.

Otros fragmentos que me rondaron