Llueve fuego desde lo alto. Las fauces se abren en un grito encendido. El bosque humea como en un espejismo. Desesperan los pájaros en el cielo rojo. Batir de alas, plumas que chocan.
El dragón ataca, dispara aguerrido su volcán de lava destructora. Gemidos lúgubres congelan el aire mientras el fuego lame arbustos y robles.
De lo alto de la torre se libera una bandada de flechas que vuela buscando el frío escudo de escamas. Todo es en vano: parecen de cristal al quebrarse en mil pedazos.
Nada lo detiene. Su furia se dispara en llamas incandescentes que arrasan con todo a su paso.
La muerte acecha. Los árboles gritan, gimen de dolor. El cielo resplandece.
El escritor ha vuelto a tomar la pluma.