Llorar es purgar la pena,
deshidratar todo el miedo que hay en ti,
es sudar la angustia que te llena,
es llover tristeza para poder ser feliz.
Mägo de Oz
Estoy haciendo todo mal. No soporto más este lugar en el que me puse. Tengo un agotamiento que no tuve nunca. Con una culpa terrible, me reconozco arrepentida de mi decisión. La felicidad dura una hora diaria en total. El resto es mierda.
Me cansé de llorar, todos los días, muchas veces.
Estoy haciendo todo mal, lo confirmo cuando la escucho repetir algunas frases que decimos y que están arruinando todo lo que alguna vez quise construir. Tanto leer, tanto decir "yo jamás voy a hacer esto", para terminar repitiendo toda la mierda que jamás pensé repetir.
Le digo histérica, hinchapelotas, y la ubico en ese lugar que ya tomó como propio y recrea dos, cinco, diez veces por día. Sí, obvio que la amo. Pero a veces me olvido. Y encima en breve van a ser dos, gracias a que me ganó otra vez el deseo ajeno, implantado subrepticiamente en mi mente de mujer sometida al sistema heteronormativo. Y ahora hacete cargo, nena, hacete cargo de ese deseo que nunca fue tuyo pero que te sometió igualmente.
* * *
Cuando pasa el terremoto, hay que dejar el refugio para sopesar los destrozos. La madre que tengo dentro, ese pedazo de mí que sí es feliz con la decisión, se asoma a ver qué quedó en pie. Bien, veamos... dos ojos rojos de llanto y algo de angustia aferrada a la garganta. El corazón es el que está peor (¿o son las vísceras? ¿cuál es el verdadero centro de las pasiones?), arrugado, como marchito, se achicó un poquito después de cargar tanta tristeza. Y ahora hay que barrer los escombros y reconstruir como se pueda.
Música de fondo pero silencio entre nosotros dos, que quedamos algo más lejos después del desastre. Nos dijimos cosas feas (más feas fueron las que me dije yo misma, pero eso no es excusa).
A remarla, dicen.
Volvamos al terremoto. Desencadenantes: los objetivos fallados de la labor materna. Reconocimiento de los límites: no logrado. Cena feliz en familia: no logrado. Niña durmiendo temprano: no logrado (mejor olvidemos el cuento antes de dormir para no sumar un desaprobado más). Que se abrigue (hace frío, che): no logrado. Sostener con amor el capricho interminable: (de más está decir:) no logrado.
Uff, a marzo directo (me quedé en el tiempo, eso ya no existe).
No hay cuentos de hadas. No hay finales felices. No brave new world.
Pero si hiciera estos mismos descargos después de esos momentos de alegría (que sí los hay, eh, pero estos pesan más...), si los hiciera, la balanza estaría más pareja.