Catársis
de ayer a la noche, después de un día muuuy complicado…
Catalina
aprendió a ponerse boca abajo. Es todo un logro, y se cansa muchísimo mientras
lo hace. ¡Hay que verla cómo se agita! Lo que no puede hacer todavía es volver
a girar para quedar boca arriba; entonces, cuando se siente incómoda, empieza a
quejarse y a lloriquear para que la levante y la acueste otra vez boca arriba
(o la tenga un poquito a upa).
Así que,
así está la cosa: adquirir una nueva posición no la volvió un poco más
independiente como me imaginé; al contrario, tengo que estar al lado de ella
todo el tiempo para alentarla y felicitarla por su esfuerzo, y devolverla a su
posición original cuando deja de estar cómoda.
El
problema es que en lugar de ver este proceso como un paso más en el crecimiento
de mi hija, y disfrutarlo, me quejo porque no puedo hacer otra cosa más que estar
pendiente de ella durante ese rato. Y me descubro rogando que se duerma, para
poder hacer… ¿qué? ¿Entrar al facebook? ¿Boludear en internet? ¿Colgar la ropa
que puse a lavar en su siesta anterior? Ponele que esto último está “bien” que
quiera hacerlo… ¿Pero desde cuándo me interesa ser una “buena ama de casa”? Me
la paso diciendo que tengo mucha suerte porque, entre licencia y vacaciones,
voy a poder estar con mi bebé hasta los seis meses… ¿y resulta que ahora quiero
que duerma en lugar de disfrutar cómo crece cada día?
Mientras
la mujer racional escribe esto, la madre puérpera me grita desde algún lugar
del cuerpo para que no deje de prestarle atención a su voz. Y me dice que me
haga cargo de ese estado de fastidio que me ganó hoy toda la tarde.
Me hago
cargo, che, por eso me pregunto qué cosas tengo que hacer más importantes que
ver crecer a Cata.
Ja. ¿La
maternidad no era el mundo color de rosa que te hicieron creer? No, a veces
puede no ser tan divertido como pensaba, a veces me agota esta niña demandante
y dependiente.
¡Claro que
es dependiente! ¿Qué esperabas? 100% dependiente de su madre; ya sabía que esto
iba a ser así. Estoy haciendo lo mejor que puedo para darle una crianza feliz.
Sí, así
está la cosa. Convivo con una mujer racional y una madre puérpera dentro de mí.
Mejor me voy a dormir antes de que se agarren de las mechas. (No hay nada más
reparador que el sueño, ¿no?).