miércoles, 31 de julio de 2019

Bebé con aroma a Isabella Zoe

Parir es la experiencia más fabulosa que atravesé en la vida. Fabulosa: no sé por qué elegí esta palabra, si justamente creo que, como experiencia, si no incontable, es al menos difícil de poner en palabras.
Parir. El dolor es desgarrador, parece intolerable. Y cuando creo que ya no soporto más, que me voy a partir en dos (en más de un sentido parir es partirse), el mundo se ensancha y la liberación sale a borbotones de mí. Y la naturaleza es sabia porque el cuerpo se olvida más rápido del dolor que de esa sensación de otro cuerpo saliendo de una. Lo pienso ahora que miro a esta pequeña de cinco meses y días y me viene el recuerdo de cuando la agarré resbalosa, achinada, suave pero pegajosa, de ojos cerrados y sonidos guturales, la nariz aplastada, y la olí y la besé y le dije que era la última, que ya no iba a parir nunca más. Ahora la miro y pienso que ese momento de bebé resbaloso y achinado dura poco, y solo ahora con esta tercera hija puedo decir que lo disfruté casi todo lo que el momento merece (porque no dejo de ser una "máquina hiperpensante", y aun recién parida ya estaba preocupándome por qué vendría después).
Pero a ese momento de bebé resbaloso y achinado le siguen muchos otros, que la triple experiencia me está enseñando a aprovechar.

jueves, 31 de enero de 2019

Carta para el nacimiento de Isabella Zoe

Transitando la semana 37 me siento a escribirte esto, para poner en orden algunas cosas que me están rondando en la cabeza y en el cuerpo.
Los últimos meses me encontré con miedos a los que tengo que enfrentarme y de los que quiero deshacerme (o, tal vez, con quienes deba amigarme) antes de que cruces a este lado del mundo. Me encontré pensando mucho en lo que "no quiero"; y para transformar el mensaje y su energía, voy a centrarme en lo que sí quiero (y por qué no, en lo que querés vos...)

Cuando llegue el momento en que decidas nacer, quiero ser consciente del proceso, sentirlo y entenderlo para poder recordarlo. Quiero que el dolor me atraviese como una más de todas las cosas que voy a sentir, y que importe menos ese dolor que sentirte a vos cómo te vas abriendo paso, cómo me convierto en canal y en puente.
Y sí, quiero que sea rápido, y quiero también disfrutarlo.

¿Y vos, Isa? ¿Qué querés vos para tu nacimiento?

"Quiero que me reciban con amor y alegría, que estés feliz de verme y de tenerme. Que sintamos que el esfuerzo valió la pena."

martes, 13 de noviembre de 2018

Giratiempo

El tiempo es implacable, dice la frase hecha. Y lo descubrí hoy mientras miraba la cara afiebrada de mi hija que dormía. Y me encontré pensando cómo había pasado el tiempo tan rápido. Como buena ansiosa que soy, me paso la vida planificando y esperando que llegue "ese momento" (que cuando llega me pasa por al lado mientras yo espero ese otro momento nuevo). Desde que nació Cata no paré de esperar que llegara ese nuevo próximo paso en su crecimiento, "que se pase este que estoy viviendo ahora que me agota y que ya no sé cómo afrontar". Su primera infancia, que fue mi primera infancia de madre, fue una sucesión de ansiedades, miedos y nosaberes. Me fui haciendo consciente con el nacimiento de Milo.
Pero verla hoy, así dormida y afriebrada, me hizo como nunca pensar en que es verdad que el tiempo avanza implacable llevándose lo que ya nunca será. No suelo ser nostálgica pero algo así me agarró hoy. Me descubrí deseando eternizar esta edad suya, que ya entiendo; esta Cata de casi seis a la que sé acompañar en su transitar cotidiano.
Pero también es de ansiosa esta sensación de hoy, en la que supengo que toda esta nueva etapa que viene ahora va a ser más difícil.
Y resulta que ahora, mientras escribo esto, veo que mi hija (mi Gran Maestra) me trae el aprendizaje de vivir a conciencia el día a día de la vida. Carpe diem, escribió el poeta Horacio; porque el tiempo pasa, y sí, nos vamos poniendo viejos.

lunes, 26 de febrero de 2018

Ave de fuego

Sonó el despertador, ya lo sé. En mis sueños se mete como chillido de mandrágora. Voy a morir. Pero no muero: me despierto y lo apago. Así de sencilla esta operación, en mi cabeza duró horas. Es el poder del inconsciente, dirás vos; es mi imaginación prodigiosa, afirmo yo. No, no es el amor, ese concepto trillado me cansó ya. Llamémosle deseo, digamos que queremos estar juntos y listo.
Mientras me pongo el mameluco gris me pregunto cómo llegaron a este punto mis pensamientos. Me engaño al creer que no tienen relación: sos vos la mandrágora, son tus miradas los gritos que me duelen. Porque sé que ya sabés todo.
Me siento a la mesa del desayuno, algo más proteica esta vez: café con leche y huevos revueltos. La recorrida  por el bosque dio sus frutos. Veo el revuelto y no puedo evitar pensar en vos, en tu marcha silenciosa a mi lado, en tus ojos. Otra vez tus ojos. "Sé lo que sentís", me dicen tus ojos. "Sé que lo deseás, aunque no lo reconozcas".
No, no puedo reconocerlo frente a vos, no puedo aceptar que nuestra historia no vaya a ser como la planeamos.
Y ahí estás, entrando en el comedor comunitario. Una nube gris que opaca la luz de la resistencia.
Me voy. No puedo enfrentarme a vos. Esto no es más que un montón de mierda, que nos va a ahogar, incluso más cuando ya no respiremos el aire viciado del Distrito 13.

sábado, 7 de octubre de 2017

Mañanas de sol

En cada despertar hay un nuevo comienzo.
Si ayer hicimos todo mal, hoy podemos hacer todo bien.
Frases hechas. Vacías ya de tanta carga semántica que podrían haber tenido. Una sobrecarga semántica, digamos.

Lo que importa es:
- amanecí temprano e igualmente estoy feliz
- salió el sol, regué las plantas, transplanté algunas, cambié de lugar macetas, olí la lavanda
- el chinito juega como si fuera grande e independiente
- la china se despertó más tarde y de muy buen humor
- en la radio están pasando muy buena música y eso es siempre una alegría
- estás trabajando y yo te extraño como si hiciera un montón que no te veo
- pero no te extraño para que cuides a lxs peques sino para besarte y abrazarte
- y aquí china y chinito ya juegan y se entienden y se aman

Acordarme de todo esto cuando el humor arrecie y el enojo haga tormenta, para recordarme que ser madre también es ser feliz.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Opus sanguinis

Nos amábamos. Hasta que tuvimos una hija.
Y entonces descubrimos que son más nuestras diferencias. Nuestras infancias tan distintas son las lentes con que miramos a nuestrxs hijxs; y la distancia se hace notoria. Son irreconciliables porque no dejamos que haya conciliación. Todo es conflicto.
El beso que me diste antes de acostarte se me quedó anudado en la garganta.
Y a esto que nos mantiene unidos no sé qué nombre ponerle. ¿Costumbre? ¿Miedo a estar sola? ¿Necesidad de armar familia? ¿Amor?
Tampoco sé si esto que escribo es un deseo real o es la fatalidad de una escritora que espera agazapada a que se acerque una oportunidad para saltarle encima, clavarle el colmillo en la yugular y dejarla morir lentamente mientras va escribiendo con su sangre el inicio de la nueva obra. Opus sanguinis.
Nada parece tener que ver con nada, pero todo tiene que ver con todo.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Desear o no desear

Los pensamientos circulares y la angustia que me sobrevolaban la cabeza antes y durante buena parte de mi segundo embarazo siguen ahí. Ensombrecen la felicidad de ser madre por segunda vez, algo que estaba queriendo desde hace un par de años. Darle a mi hija una hermana o hermano y la posibilidad de construir con ella o él un vínculo de amor y complicidad tan copado como el que tengo yo con las mías.
Pero el ying y el yang conviven en cada situación de la vida. Y ahí está la sombra que opaca esta alegría.
Días como hoy hubo muchos antes de que el nuevo integrante llegara a la familia, y los seguirá habiendo, eso ya lo sé. A veces salgo mejor parada de las peleas. Otras, como hoy, me desbordo y digo cosas feas... Suerte que pido perdón rápido.
Pero este temita me está ganando un fastidio. Y lo peor fue haber descubierto hoy que tal vez mi deseo de tener una tercera hija o hijo venga solo de la necesidad de darle sí o sí una ahijada a mi hermana menor. Y en días como hoy, de desborde, de llanto, me pregunto: ¿para esto quiero traer otra hija al mundo? ¿Para que sean tres, y no dos, las hijas que no supe acompañar en las etapas difíciles de su crecimiento? ¿Es mío el deseo, o de la culpa? ¿O del deber ser? ¿O estoy repitiendo historias familiares? (Ya te leeré, Violeta, tengo esa cuenta pendiente todavía).
No puedo disfrutar a pleno de Milo Karim (bienvenido, Milo... ni un posteo te dediqué todavía...) con este temita inconcluso que presiento que se resolverá en mi contra.
A menos que recurramos a la sabiduría musical y lo echemos a suertes...

Otros fragmentos que me rondaron