lunes, 23 de agosto de 2021

Si pausaran tu tiempo, ¿qué harías?

Si pausaran mi tiempo... Terminaría de leer El nombre de la rosa. Me pintaría las uñas. Leería todos esos artículos de didáctica de la lengua que tengo descargados en la compu. Y tomaría apuntes. Miraría The Handmade's Tale. Dormiría siesta pero no mucho porque me levanto de mal humor. Miraría dormir a mis hijes; tienen esa expresión tranquila que me da placer y miedo a la vez, y un poco de culpa porque es cuando sé que no les muestro todo lo que les amo. Leería más sobre lenguaje inclusivo. Me permitiría debatir conmigo y anotar mis conclusiones; tres cuadernos tengo y poco escribo; no es culpa del tiempo eso sino de la obsesiva necesidad de orden y lógica. Miraría Evangelion en maratón; las últimas películas una atrás de la otra, y después un buen rato de escribir sobre ellas. Tal vez también miraría la serie original y las películas de esa serie. Entre cada una de esas cosas, haría yoga; una secuencia activa, una secuencia de flexibilidad. Un cuerpo flexible es una mente flexible. Y me pondría al día con mi lista de pendientes en todos los servicios de streaming.
Pero no existe la pausa en el tiempo. Somos tiempo, somos energía que fluye. Hago todo de a poquito cuando encuentro los momentos. Entre tiempos, soy todo lo otro que no escribí acá. Soy madre, soy docente, soy pareja, soy lectora, soy compañera. Soy avidez, soy crecimiento, soy formación, soy cansancio, soy agotamiento, soy reinicio,  soy apoyo, soy grito de ayuda, soy búsqueda, soy aprendizaje. Soy "mamá", soy "amor", soy "profe", soy "mami", soy "upa". Soy yo. Soy muchas.

Vuelvo a pausar mi tiempo; play a Evangelion 1,11: (No) Estás solo. Mírenla; después me cuentan.

miércoles, 31 de julio de 2019

Bebé con aroma a Isabella Zoe

Parir es la experiencia más fabulosa que atravesé en la vida. Fabulosa: no sé por qué elegí esta palabra, si justamente creo que, como experiencia, si no incontable, es al menos difícil de poner en palabras.
Parir. El dolor es desgarrador, parece intolerable. Y cuando creo que ya no soporto más, que me voy a partir en dos (en más de un sentido parir es partirse), el mundo se ensancha y la liberación sale a borbotones de mí. Y la naturaleza es sabia porque el cuerpo se olvida más rápido del dolor que de esa sensación de otro cuerpo saliendo de una. Lo pienso ahora que miro a esta pequeña de cinco meses y días y me viene el recuerdo de cuando la agarré resbalosa, achinada, suave pero pegajosa, de ojos cerrados y sonidos guturales, la nariz aplastada, y la olí y la besé y le dije que era la última, que ya no iba a parir nunca más. Ahora la miro y pienso que ese momento de bebé resbaloso y achinado dura poco, y solo ahora con esta tercera hija puedo decir que lo disfruté casi todo lo que el momento merece (porque no dejo de ser una "máquina hiperpensante", y aun recién parida ya estaba preocupándome por qué vendría después).
Pero a ese momento de bebé resbaloso y achinado le siguen muchos otros, que la triple experiencia me está enseñando a aprovechar.

jueves, 31 de enero de 2019

Carta para el nacimiento de Isabella Zoe

Transitando la semana 37 me siento a escribirte esto, para poner en orden algunas cosas que me están rondando en la cabeza y en el cuerpo.
Los últimos meses me encontré con miedos a los que tengo que enfrentarme y de los que quiero deshacerme (o, tal vez, con quienes deba amigarme) antes de que cruces a este lado del mundo. Me encontré pensando mucho en lo que "no quiero"; y para transformar el mensaje y su energía, voy a centrarme en lo que sí quiero (y por qué no, en lo que querés vos...)

Cuando llegue el momento en que decidas nacer, quiero ser consciente del proceso, sentirlo y entenderlo para poder recordarlo. Quiero que el dolor me atraviese como una más de todas las cosas que voy a sentir, y que importe menos ese dolor que sentirte a vos cómo te vas abriendo paso, cómo me convierto en canal y en puente.
Y sí, quiero que sea rápido, y quiero también disfrutarlo.

¿Y vos, Isa? ¿Qué querés vos para tu nacimiento?

"Quiero que me reciban con amor y alegría, que estés feliz de verme y de tenerme. Que sintamos que el esfuerzo valió la pena."

martes, 13 de noviembre de 2018

Giratiempo

El tiempo es implacable, dice la frase hecha. Y lo descubrí hoy mientras miraba la cara afiebrada de mi hija que dormía. Y me encontré pensando cómo había pasado el tiempo tan rápido. Como buena ansiosa que soy, me paso la vida planificando y esperando que llegue "ese momento" (que cuando llega me pasa por al lado mientras yo espero ese otro momento nuevo). Desde que nació Cata no paré de esperar que llegara ese nuevo próximo paso en su crecimiento, "que se pase este que estoy viviendo ahora que me agota y que ya no sé cómo afrontar". Su primera infancia, que fue mi primera infancia de madre, fue una sucesión de ansiedades, miedos y nosaberes. Me fui haciendo consciente con el nacimiento de Milo.
Pero verla hoy, así dormida y afriebrada, me hizo como nunca pensar en que es verdad que el tiempo avanza implacable llevándose lo que ya nunca será. No suelo ser nostálgica pero algo así me agarró hoy. Me descubrí deseando eternizar esta edad suya, que ya entiendo; esta Cata de casi seis a la que sé acompañar en su transitar cotidiano.
Pero también es de ansiosa esta sensación de hoy, en la que supengo que toda esta nueva etapa que viene ahora va a ser más difícil.
Y resulta que ahora, mientras escribo esto, veo que mi hija (mi Gran Maestra) me trae el aprendizaje de vivir a conciencia el día a día de la vida. Carpe diem, escribió el poeta Horacio; porque el tiempo pasa, y sí, nos vamos poniendo viejos.

lunes, 26 de febrero de 2018

Ave de fuego

Sonó el despertador, ya lo sé. En mis sueños se mete como chillido de mandrágora. Voy a morir. Pero no muero: me despierto y lo apago. Así de sencilla esta operación, en mi cabeza duró horas. Es el poder del inconsciente, dirás vos; es mi imaginación prodigiosa, afirmo yo. No, no es el amor, ese concepto trillado me cansó ya. Llamémosle deseo, digamos que queremos estar juntos y listo.
Mientras me pongo el mameluco gris me pregunto cómo llegaron a este punto mis pensamientos. Me engaño al creer que no tienen relación: sos vos la mandrágora, son tus miradas los gritos que me duelen. Porque sé que ya sabés todo.
Me siento a la mesa del desayuno, algo más proteica esta vez: café con leche y huevos revueltos. La recorrida  por el bosque dio sus frutos. Veo el revuelto y no puedo evitar pensar en vos, en tu marcha silenciosa a mi lado, en tus ojos. Otra vez tus ojos. "Sé lo que sentís", me dicen tus ojos. "Sé que lo deseás, aunque no lo reconozcas".
No, no puedo reconocerlo frente a vos, no puedo aceptar que nuestra historia no vaya a ser como la planeamos.
Y ahí estás, entrando en el comedor comunitario. Una nube gris que opaca la luz de la resistencia.
Me voy. No puedo enfrentarme a vos. Esto no es más que un montón de mierda, que nos va a ahogar, incluso más cuando ya no respiremos el aire viciado del Distrito 13.

sábado, 7 de octubre de 2017

Mañanas de sol

En cada despertar hay un nuevo comienzo.
Si ayer hicimos todo mal, hoy podemos hacer todo bien.
Frases hechas. Vacías ya de tanta carga semántica que podrían haber tenido. Una sobrecarga semántica, digamos.

Lo que importa es:
- amanecí temprano e igualmente estoy feliz
- salió el sol, regué las plantas, transplanté algunas, cambié de lugar macetas, olí la lavanda
- el chinito juega como si fuera grande e independiente
- la china se despertó más tarde y de muy buen humor
- en la radio están pasando muy buena música y eso es siempre una alegría
- estás trabajando y yo te extraño como si hiciera un montón que no te veo
- pero no te extraño para que cuides a lxs peques sino para besarte y abrazarte
- y aquí china y chinito ya juegan y se entienden y se aman

Acordarme de todo esto cuando el humor arrecie y el enojo haga tormenta, para recordarme que ser madre también es ser feliz.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Opus sanguinis

Nos amábamos. Hasta que tuvimos una hija.
Y entonces descubrimos que son más nuestras diferencias. Nuestras infancias tan distintas son las lentes con que miramos a nuestrxs hijxs; y la distancia se hace notoria. Son irreconciliables porque no dejamos que haya conciliación. Todo es conflicto.
El beso que me diste antes de acostarte se me quedó anudado en la garganta.
Y a esto que nos mantiene unidos no sé qué nombre ponerle. ¿Costumbre? ¿Miedo a estar sola? ¿Necesidad de armar familia? ¿Amor?
Tampoco sé si esto que escribo es un deseo real o es la fatalidad de una escritora que espera agazapada a que se acerque una oportunidad para saltarle encima, clavarle el colmillo en la yugular y dejarla morir lentamente mientras va escribiendo con su sangre el inicio de la nueva obra. Opus sanguinis.
Nada parece tener que ver con nada, pero todo tiene que ver con todo.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Desear o no desear

Los pensamientos circulares y la angustia que me sobrevolaban la cabeza antes y durante buena parte de mi segundo embarazo siguen ahí. Ensombrecen la felicidad de ser madre por segunda vez, algo que estaba queriendo desde hace un par de años. Darle a mi hija una hermana o hermano y la posibilidad de construir con ella o él un vínculo de amor y complicidad tan copado como el que tengo yo con las mías.
Pero el ying y el yang conviven en cada situación de la vida. Y ahí está la sombra que opaca esta alegría.
Días como hoy hubo muchos antes de que el nuevo integrante llegara a la familia, y los seguirá habiendo, eso ya lo sé. A veces salgo mejor parada de las peleas. Otras, como hoy, me desbordo y digo cosas feas... Suerte que pido perdón rápido.
Pero este temita me está ganando un fastidio. Y lo peor fue haber descubierto hoy que tal vez mi deseo de tener una tercera hija o hijo venga solo de la necesidad de darle sí o sí una ahijada a mi hermana menor. Y en días como hoy, de desborde, de llanto, me pregunto: ¿para esto quiero traer otra hija al mundo? ¿Para que sean tres, y no dos, las hijas que no supe acompañar en las etapas difíciles de su crecimiento? ¿Es mío el deseo, o de la culpa? ¿O del deber ser? ¿O estoy repitiendo historias familiares? (Ya te leeré, Violeta, tengo esa cuenta pendiente todavía).
No puedo disfrutar a pleno de Milo Karim (bienvenido, Milo... ni un posteo te dediqué todavía...) con este temita inconcluso que presiento que se resolverá en mi contra.
A menos que recurramos a la sabiduría musical y lo echemos a suertes...

jueves, 2 de junio de 2016

Belén, conociendo a la hidra.

Me descubro poseedora de obsesiones tontas, pequeñas nimiedades que organizan mi entorno y generan trastornos ínfimos pero consistentes cuando no se cumplen como deberían.
Los libros tienen un orden en sus estantes. Por nacionalidad, luego por autor, luego por interés personal. Y ese libro que ya no entra en el estante en que debería se vuelve molesto y problemático. Hay sagas, continuaciones, y ¡ay de aquellas conseguidas en distinta edición! Me duele a los ojos el segundo tomo de El Señor de los Anillos, editado luego de la película, con la tapa reproduciendo el fotograma, maldita Minotauro que tuviste que buscar lectores nuevos a partir de los cinéfilos, maldita yo que no aguanté conseguir la edición vieja por el deseo apresurado de leer. Bellísima edición de tapa dura de En el otro viento, quinto tomo de las Historias de Terramar, cuyo lomo sobresale entre los demás, como una luz de neón que titila molesta indicando que los otros cuatro tomos son chiquitos y viejos, chiquitos y viejos, chiquitos y viejos...
Películas ordenadas por gusto más que por género, en grupitos separados para que se note que no pertenecen a lo mismo (¿qué es lo mismo?).
Soy Lucas. Pero no lucho todavía con mis hidras. No intento cercenar de limpio tajo la cabeza que separa metódicamente las mías, las tuyas y las nuestras. Recién estoy conociendo mis cabezas, ya vendrá el momento de volverme obsesiva en el control de mis obsesiones.

¡Qué haría sin vos, Julio! ¡Qué sería de las palabras en mi cabeza!

sábado, 14 de mayo de 2016

K.O.

Llorar es purgar la pena,
deshidratar todo el miedo que hay en ti,
es sudar la angustia que te llena,
es llover tristeza para poder ser feliz.
Mägo de Oz
Estoy haciendo todo mal. No soporto más este lugar en el que me puse. Tengo un agotamiento que no tuve nunca. Con una culpa terrible, me reconozco arrepentida de mi decisión. La felicidad dura una hora diaria en total. El resto es mierda.
Me cansé de llorar, todos los días, muchas veces.
Estoy haciendo todo mal, lo confirmo cuando la escucho repetir algunas frases que decimos y que están arruinando todo lo que alguna vez quise construir. Tanto leer, tanto decir "yo jamás voy a hacer esto", para terminar repitiendo toda la mierda que jamás pensé repetir.
Le digo histérica, hinchapelotas, y la ubico en ese lugar que ya tomó como propio y recrea dos, cinco, diez veces por día. Sí, obvio que la amo. Pero a veces me olvido. Y encima en breve van a ser dos, gracias a que me ganó otra vez el deseo ajeno, implantado subrepticiamente en mi mente de mujer sometida al sistema heteronormativo. Y ahora hacete cargo, nena, hacete cargo de ese deseo que nunca fue tuyo pero que te sometió igualmente.
* * *
Cuando pasa el terremoto, hay que dejar el refugio para sopesar los destrozos. La madre que tengo dentro, ese pedazo de mí que sí es feliz con la decisión, se asoma a ver qué quedó en pie. Bien, veamos... dos ojos rojos de llanto y algo de angustia aferrada a la garganta. El corazón es el que está peor (¿o son las vísceras? ¿cuál es el verdadero centro de las pasiones?), arrugado, como marchito, se achicó un poquito después de cargar tanta tristeza. Y ahora hay que barrer los escombros y reconstruir como se pueda.
Música de fondo pero silencio entre nosotros dos, que quedamos algo más lejos después del desastre. Nos dijimos cosas feas (más feas fueron las que me dije yo misma, pero eso no es excusa).
A remarla, dicen.
Volvamos al terremoto. Desencadenantes: los objetivos fallados de la labor materna. Reconocimiento de los límites: no logrado. Cena feliz en familia: no logrado. Niña durmiendo temprano: no logrado (mejor olvidemos el cuento antes de dormir para no sumar un desaprobado más). Que se abrigue (hace frío, che): no logrado. Sostener con amor el capricho interminable: (de más está decir:) no logrado.
Uff, a marzo directo (me quedé en el tiempo, eso ya no existe).
No hay cuentos de hadas. No hay finales felices. No brave new world.
Pero si hiciera estos mismos descargos después de esos momentos de alegría (que sí los hay, eh, pero estos pesan más...), si los hiciera, la balanza estaría más pareja.

lunes, 26 de octubre de 2015

Desempolvando palabras III: Desgarrados, de 2009

Mientras la sangre fluye espesa desde su cuello, la niebla cubre lentamente sus ojos. Las imágenes se hacen cada vez más borrosas porque las lágrimas las empañan.
La luna había querido advertirle, brillante como estaba en lo alto del cielo estrellado, pero la moira tenía otros planes.
Su pelo se rendía ante el viento que anunciaba la incipiente tormenta, al tiempo que ella cruzaba la verja del jardín delantero. Al principio pensó que la casa estaba vacía: las ventanas habían sido tapiadas y ninguna luz asomaba por entre las maderas.
Sin embargo, en el pueblo se estaba corriendo el rumor. Él había regresado después de tanto tiempo.
¿Por qué el silencio entonces? ¿Cuál era la razón para no buscarla a ella que tanto lo había esperado? ¿Dónde estaba el misterio?
La puerta principal estaba abierta. La cerró al entrar; y allí, las cortinas rasgadas y los sillones destruidos le gritaron la segunda advertencia. Que por supuesto su mente no quiso escuchar.
El silencio era desgarrador, desolador, desesperante, y fue entonces que reparó en aquel montón de harapos al que un tenue rayo de luz de luna iluminaba, filtrándose entre las maderas que tapiaban el ventanal. En ese momento el tiempo se detuvo. Porque desde aquellos harapos dos ojos la miraban, inyectados en sangre.
Esos mismos ojos que tantas veces habían brillado con pasión, que habían llorado la tarde del adiós, con los que había soñado incesantemente noche tras noche. Ahora parecían consumidos por la furia y la tortura. Eran los ojos de un predador en agonía.
Y aun mientras lo veía acercarse voraz, la angustia de morir no era más fuerte que el deseo del último abrazo. Las garras clavándose en sus brazos, los dientes hundiéndose en su cuello, no llegaban a doler tanto como las lágrimas desesperadas, tortuosas, que veía caer de sus ojos feroces.
Desplomada en el suelo, mientras la sangre la abandona junto con la vida, los aullidos desgarradores de aquel que no pudo ganarle a la leyenda siguen siendo la más dolorosa de las heridas.


     La belleza del metal sinfónico finlandés.

     Me eriza la piel.

     Imperdible: Full Moon, de Sonata Arctica


domingo, 25 de octubre de 2015

Desempolvando palabras II: Conjuración, de 2009

Enamorarse de prohibidos es tan fácil, tan predecible. Muy novelesco. El Renacimiento estaría orgulloso de mí. El mundo gótico se reescribiría bajo mis pies. Cada paso en falso es esperable, esperado. Imposible, atrapante. Reiterativo. No hay nada nuevo para contar, porque hasta lo inexistente se ha narrado incontablemente. Oxímoron: se ha narrado lo inenarrable. Nos hemos enamorado de la imposibilidad del amor.
La mirada secreta sorprende a mi desprevenida Julieta que ya encontró a su Romeo. Extraño lo que tengo prohibido extrañar, porque nunca lo tuve, porque tengo prohibido tenerlo.
Prohibido. Todo es nuevo, de un modo tan patéticamente predecible.
Tus ojos rojos encendieron la conexión. Punto de no retorno. Hay veneno en tu boca, que no dudaría en morder y matarme y morir y morderme.
Vos sin culpa, yo condenada. Predecible y patético.
Congelarme como el mármol. O deshacerme en palabras, que ya fueron escritas, que ya nadie va a leer.
Esa es mi forma de conjurar tu hechizo.

sábado, 24 de octubre de 2015

Desempolvando palabras I: Pluma ardiente, de 2006

Llueve fuego desde lo alto. Las fauces se abren en un grito encendido. El bosque humea como en un espejismo. Desesperan los pájaros en el cielo rojo. Batir de alas, plumas que chocan.
El dragón ataca, dispara aguerrido su volcán de lava destructora. Gemidos lúgubres congelan el aire mientras el fuego lame arbustos y robles.
De lo alto de la torre se libera una bandada de flechas que vuela buscando el frío escudo de escamas. Todo es en vano: parecen de cristal al quebrarse en mil pedazos.
Nada lo detiene. Su furia se dispara en llamas incandescentes que arrasan con todo a su paso.
La muerte acecha. Los árboles gritan, gimen de dolor. El cielo resplandece.
El escritor ha vuelto a tomar la pluma.

viernes, 23 de octubre de 2015

Hacia el horizonte

Caballos salvajes atraviesan el desierto. Nubes de polvo se levantan a su paso. El suelo tiembla, y la tierra choca contra el río que estalla bajo el galope desbocado. Aire, agua y barro; piedras revueltas; libertad.
En medio de la noche, el esclavo se oculta al costado del muro. Sabe que su oportunidad es esta y no volverá a darse. Una nube tapa la luz de la luna; la oscuridad lo envuelve todo. Con el frío del desierto en sus plantas, el momento es ahora. Corre. Corre. No se detiene. Allá van los caballos, están ahí, ya llega. Resbala, cae, se levanta y corre más que antes, no se detiene siquiera a limpiar las gotas de sangre que resbalan por su mejilla. Extiende sus dedos y ya puede tocar las crines. Se aferra a ellas, trepa como puede, se abraza, se pega a ese cuerpo robusto que cabalga para internarse en el horizonte. Lejos quedó la ciudad, lejos la esclavitud. El hombre vuelve a ser un hombre.
Con lágrimas en los ojos, mira por última vez los muros silenciosos, y se inclina sobre el lomo. El caballo sigue en su carrera desbocada, sin saber que cruza el desierto llevando un cuerpo inerte que yace con la última sonrisa en los labios, camino a una libertad que no podrá disfrutar.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Hombre águila

Llegará el día en que un águila descenderá de los cielos en el transcurso de una tormenta. Allí, en medio del desierto, una figura solitaria se erguirá, alzará sus ojos y el águila vendrá a posarse en su hombro. Cacique de una tribu masacrada, el hombre estará esperando esa señal de los cielos. Y la recibirá. Y se unirá a ella. Y esa unión lo transformará: el águila le clavará el pico en su pecho, y de pronto serán uno solo.
El hombre águila remontará vuelo. Atravesará el desierto y llegará al océano. Volará en cículos, se acercará a la orilla, volverá a elevarse.
Y al fin, de entre las olas surgirá una mano. Dedos finos, piel oscura. Hacia allí volará el hombre águila y la tomará con todas sus fuerzas. Pero sus brazos ya no serán brazos sino alas, y sus pies serán garras, y esa mano se escurrirá en un inútil intento de ser salvada. Y el hombre águila, desesperado, verá esa mano amada hundirse, dejando tras de sí un efímero rastro de espuma.

viernes, 7 de agosto de 2015

Nuestro destete

Se celebra en todo el mundo la Semana de la Lactancia Materna.
Y justamente en esta semana, nosotras nos estamos despidiendo de la lactancia.
Fue una conexión hermosa, que nos unió durante poco más de dos años y medio de manera hermosa, especial, placentera, mágica a veces. La teta calmó angustias, aflojó ansiedades, liberó tensiones, lavó dolores, durmió cansancios...
Pero pasado el año y medio, mi cuerpo se empezó a cansar. El disfrute fue dando paso al desgano, al fastidio. Y necesité decir basta.
¡Ah! Pero ella no quería, no quería soltar. Fue un año entero de ir despegando de a poquito... espaciando tomas, estableciendo lugares, fijando momentos.
Costó, y mucho. Requirió de mucha paciencia y más amor.
El final fue lo más difícil. ¿Cuándo decir basta? ¿Cómo hacérselo entender sin que signifique una angustia que no podamos manejar? ¿Cómo hacer para que deje a su amada teta? Fue una semana complicada, de mucho llanto y mucho cuerpo, dormir a upa, con música, cantando, y abrazar, sostener y acunar ese llanto de separación.
Costó, y mucho. Requirió de mucha, muchísima paciencia, y más, mucho más amor.
Pero llegó la noche en que se durmió enseguida. Y la madrugada en que se volvió a dormir sólo abrazada a "su" teta. Y así, al fin, destetamos.
Hoy le agradezco a la teta por todo lo que nos dio, y recibo feliz y confiada esta nueva etapa, que nos encontrará de otra manera, redescubriendo el lazo que nos une.

viernes, 3 de julio de 2015

Aprendizaje

Qué difíciles son estos días madre. El cansancio se acumula y me tapa, me nubla los ojos un llanto opacidad que no me deja ver con claridad. Y me encuentro ante un lago infinitud, y allá en la otra orilla distancia está la respuesta; pero ¡ay! qué lejos está esa orilla.
La tormenta perfección se arremolina sobre mi cabeza y me impone una meta a la que sé que no puedo llegar. Pero mi mente audacia me juega malas pasadas... Y ahí sigo yo, habitando este país pequeñez que se llama maternidad, aferrada a mi miedo verdad que será el motor de mi avance.
Acá, a mi lado, ella: mi sol brillo, mi guía luz, Catalina Sol, que no es mía sino del mundo.


La escritura es mucho más que sólo desahogo. Pero en algunos momentos, poner en palabras el nudo de remolinos que pugnan por reinar en mi torrente sanguíneo me da cierta sensación de libertad, acaso falsa, acaso ilusoria. Tan falsa y tan ilusoria como los mundos de ficción. La literatura es mucho más que sólo esto. Pero esto es también un camino que nos lleva. A algún lado, no sé a dónde, pero ya eso es un avanzar, y ponerse en movimiento activa el flujo de energías que nos hace ser.
Este texto surgió hace unas semanas en el Taller Literario que coordino en la escuela secundaria en la que trabajo. Un grupo hermoso de chicxs con quienes redescubro jueves a jueves el amor que siento por la literatura, por la escritura, por la enseñanza. A ellxs va dedicado este post.

sábado, 27 de junio de 2015

Desbordada y loca

Escribí hace cosa de un mes y medio, en una de esas noches desesperantes, lo que sigue:

"Escribo esto en mi cama mientras en el living Cata llora desesperada y el padre la acuna intentando que se duerma. Llevamos media hora de intento de dormirla sin la teta. Siento angustia, desesperación, cansancio, bronca, ganas de llorar y de gritar. A través de la puerta cerrada llegan los gritos desgarradores de una hija que se niega a que le impongan horarios para la teta. Y ni hablemos del destete.
Me pregunto qué hicimos mal... Por qué este proceso está siendo tan desgastante y difícil para todos."

He de decir que en este tiempo logramos algo: llegamos a un acuerdo y la lactancia ya es sólo durante la noche. Y digo "llegamos a un acuerdo" y ya me dan ganas de reirme de mí y de mi inocencia. No fue tanto un acuerdo, fue más una imposición. Pero fue menos dolorosa de lo que me imaginaba, y Cata se lo tomó mejor de lo que esperaba. Sí, fue un fin de semana difícil, casi imposible. Pero ocurrió, ya no sé muy bien cómo. La cosa es que ahora sólo toma teta de noche, y las dos felices (yo mucho más, lo reconozco).
Pero esa descarga de hace cosa de un mes y medio sigue resonando en mí casi todos los días... "Siento angustia, desesperación, cansancio, bronca, ganas de llorar y de gritar"... Eso no se fue, está ahí. Ayer era la teta, hoy es su imposibilidad de manejar el enojo y la frustración. Gritos, golpes, juguetes revoleados, objetos que golpean paredes y mesas y estufas y lo que se les cruce a su paso.
No somos padres golpeadores. Jamás le pegamos en su corta vida.
Pero hay una violencia silenciosa, casi invisible, que se escurre en esos momentos en los que perdemos la paciencia. Mamá grita. Papá amenaza con encerrarla en la pieza.
Y ahí chau a la crianza respetuosa.
Somos concientes de eso. Por eso no uso eufemismos, digo las cosas como son: somos violentos. Y en la crianza no hay violencia que valga, no hay "es preferible gritar que pegar". Nada de eso es preferible. Lo único válido es tratar con amor, ponerse en el lugar de esa niña que no encuentra la manera de dar cauce a su enojo sin que eso signifique desbordarse y violentarse con el entorno. Porque si ni su madre ni su padre, ambos adultxs, pueden hacerlo, ¿cómo va a poder ella, con sus dos años y medio?
Es un largo camino el de la mater/paternidad. Difícil como pocos. Necesitamos de una red que nos contenga en los momentos de desborde y nos ilumine para encontrar el mejor modo de relacionarnos. Necesitamos mirar para adentro, reconocernos en esos monstruos en los que nos convertimos, hallar la herida y sanarla, para poder salir de ese lugar, con la fuerza y el amor necesarios para acompañar a nuestrxs hijxs con todo el respeto que se merecen.

sábado, 29 de marzo de 2014

Inspiración

Hacía mucho que no me pasaba: tengo la necesidad de escribir.
Son las tres menos cuarto de la mañana, mi hija duerme en nuestra cama y nosotros estamos a punto de acostarnos después de una peli. Estoy entrando a la habitación y ya la escucho despertarse: se despereza, gira, lloriquea, se sienta, desorientada. Me acerco a ella y la abrazo, la recuesto, y cuando estoy preparándome para darle teta y dormirla otra vez, me sorprende: me abraza el cuello con su bracito. No le hizo falta la teta; el abrazo y unas palmaditas en la cola bastan, y su respiración es señal de que se durmió otra vez. Cuando cae el brazo y puedo despegarme un poco, la miro: la cara relajada, los labios entreabiertos; le beso los cachetes, le acomodo el pelo. Estoy enamorada de mi chiquita.
Mientras todavía tenía su brazo sobre mi cuello, se me llenaba la garganta de una risa muda, hubiera querido reirme de alegría. Ahora que la miro, me doy cuenta de cuánto la amo, y las palabras me llenan la cabeza.
Me llegó la inspiración. Y se llama Catalina.
Sí, puede ser que sea muy cursi todo lo que escribo, pero está saliendo así, sin procesar.
Y necesito escribirlo. Para recordarlo mañana, y pasado mañana, y los días que vengan después... Cuando me gane el cansancio, el malhumor, el fastidio, la falta de paciencia. Cuando la bruja gane terreno y me encuentre gritando, puteando, mirándola enojada. Cuando el maternaje empiece a pesar, voy a necesitar refrescar en el cuerpo esta emoción que ahora me brota de la garganta, este amor que me sale por los poros.

Otros fragmentos que me rondaron